Es este un potente relato. Los anglosajones son maestros en la narración corta, que nos arrastra sin aliento. En esta novela se cumple. La acción discurre como llevada de un ritmo propio. Para lograr este vértigo, Ken Bruen ha empleado un metrónomo sincopado. Rápidas las frases, cortantes. Austero y afilado el lenguaje, mordaz. Y un oscuro, lúcido y cínico sentido vital que cumple a la perfección con lo que se espera de una narración de la llamada “serie negra”. Pero como en todas las buenas novelas de este “género”, esta historia rompe las costuras y se eleva, en un vuelo literario de mayor fuste, de forma que, al menos a mí, leido un tercio de la novela, me importaba ya un bledo la resolución del caso policial, y estaba cautivado por la personalidad del protagonista. Quería saber que iba a hacer con su vida. Indisolublemente, me importaba lo que decía... y me fascinaba cómo lo decía. O sea, literatura. Y esta es de la buena.
F. HERRERO