lasprovincias.es
Lunes, 2 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO SERVICIOS LP PUNTO RADIO LP TEVA CENTRO COMERCIAL
EDICIÓN IMPRESA
Valencia
El desdén turístico
Es la hora del turismo alternativo. Convendría que no anduviéramos perezosos, según costumbre. Valencia ha tardado una enormidad en verse consagrada como capital digna de ser visitada. Parece increíble, pero todos lo hemos contemplado. En 2006, después de muchas décadas silenciosas, el nombre de Valencia aparece en itinerarios de autobuses, en escalas de cruceros y en los destinos de las agencias.

La tercera capital de España vive, al fin, su despegue turístico. Y lo que no debe hacer ahora es seguir cruzada de brazos. Nuestra ciudad tendría que florecer en propuestas espontáneas e ingeniosas. Hace falta que brote la variedad de iniciativas que los visitantes hallan en otras partes y que aquí aún se ignoran o remolonean con absurda pereza.

Los posibles recorridos valencianos no pueden limitarse al autobús turístico de dos pisos, al otro de uno sólo, que va hasta la Albufera, y a los escasos coches de caballos que aguardan bajo el sol en la plaza de la Reina. Ya sabemos que antes no había ni eso. Pero nuestro ingenio y nuestras iniciativas deben ahora surgir, en mil ofertas, ante el turista que llega. Nos referimos, sobre todo, a las propuestas del mundo privado, a las sugerencias de un comercio responsable, que sabe salir al paso, y a las invenciones con las que podemos descubrir para todos los visitantes las ocultas bellezas de nuestra capital.

¿Qué esperamos para mostrar a todos el Jardín Botánico de Valencia? ¿Quién le ofrecerá al viajero un itinerario explicado, breve y ameno, por los baños del Almirante, el templo de Santa Catalina y el museo del Patriarca? ¿Han salido al paso del turista, aquí ya como en los hoteles de otras ciudades, nuestros jóvenes titulados de arte, brindándose a servir de guías por las torres centenarias, los palacios señoriales y los caminos de la historia?

Nuestros barrios típicos son retazos de un olvido mayúsculo. A nuestras playas nadie las ofrece como alternativa apetecible. Y nuestro agosto sigue siendo una trieste sombra, muda y arisca, con la que ahuyentar a cuantos lo eligieron para visitarnos.



 

[an error occurred while processing this directive]