valencia hierve de manteros

Unos 400 vendedores callejeros operan en la ciudad, pero sólo hay media docena de juicios al año. Las marcas critican la laxitud de los ayuntamientos, aunque muchos casos se cierran al no acusar las empresas afectadas

ARTURO CHECA

Cada día, cuatro personas son detenidas en la Comunitat por cometer delitos contra la propiedad intelectual o industrial. Al año, 1.700 arrestos por este delito en la región, si hacemos caso a las cifras que manejan el Ministerio del Interior y el Instituto Nacional de Estadística. Pero el aparentemente espectacular 'suflé' de datos se desinfla en cuanto se pone junto a otra de las estadísticas. Anualmente sólo se producen 50 condenas por delitos de falsificaciones. Y la efectividad del sistema policial y judicial se desploma definitivamente cuando se confronta con la realidad. «Apenas hay media docena de procesos al año por delitos relacionados con piratería y top manta», señala a LAS PROVINCIAS una fiscal de Valencia. Y el destino de la mayoría de los procedimientos judiciales es el archivo; lo constata la misma fiscal y un policía especialista en la materia, que señalan la razón principal del fracaso: «La mayoría de archivos es por la no personación de perjudicados». La ausencia de personación en los tribunales (el coste procesal acaba siendo mayor que el improbable cobro de indemnizaciones) de las marcas y empresas que tanto promulgan la lucha contra la piratería acaba enterrando una buena parte de los juicios.

Y mientras, la ciudad hierve de manteros. En toda España «tenemos censados 2.000 vendedores ambulantes, de los de mochila y manta», explica José Manuel Tourné, abogado y director de la Federación para la Protección de la Propiedad Intelectual (FAP), el ente que engloba a las grandes firmas audiovisuales del sector del cine, música o videojuegos, algunos de los sectores más golpeados por «la manta», como lo llama Tourné. Valencia, Alicante (con los puntos negros de la Comunitat recogidos en el mapa que acompaña a estas líneas), Madrid y Granadason las ciudades más golpeadas por la piratería callejera, según la FAP. Sólo en la ciudad de Valencia, fuentes policiales cifran en 400 los manteros que pueden llegar a congregarse en fechas de gran concentración de turistas, como Fallas, verano en el Paseo Marítimo o en las noches del cosmopolita barrio de Ruzafa.

«¿Vender coca en mantas?»

Hasta los propios policías echan en falta más mano dura por parte del Ayuntamiento de Valencia. «Se tramitan muchas multas por venta ambulante, pero por delito contra la propiedad industrial, prácticamente nada», subraya un agente con años de experiencia en la lucha contra las falsificaciones y que ha participado en decenas de registros y redadas en bazares chinos y tiendas de textil a la caza de imitaciones de marca. Hace años que brillan por su ausencia. Las marcas comparten la falta de actuación por parte del Ejecutivo. «Lamentablemente, la magnifica labor de las Fuerzas de Seguridad, que saben perfectamente lo que hay detrás de la manta, se ve empañada por la torpeza de los políticos. Los Ayuntamientos resuelven el tema según el aire que sopla: los de Podemos pidiendo su legalización, otros Consistorios protegiendo más a los comerciantes», argumenta el presidente de la Federación para la Protección de la Propiedad Intelectual.

Y al final, el daño es para la propia ciudadanía. «La venta ambulante consigue un flujo de negocio similar al que se vende en el mercado legal», es el gráfico ejemplo de Tourné. A nivel nacional, los cálculos de ANDEMA (Asociación para la Defensa de la Marca) es que la piratería causa 7.659 millones de pérdidas anuales a las industrias. Sólo el top manta en la Comunitat hace que los comercios dejen de ingresar cada año unos 50 millones, según los cálculos del sector.

A juicio de las empresas, falta mano dura por parte de las autoridades. «Igual que a ningún Ayuntamiento se le pasaría por la cabeza permitir la venta de cocaína en mantas, tampoco se puede hacer con productos falsos, porque también es un delito», subraya el responsable de la FAP. Para los afectados, ahí está el ejemplo de muchas ciudades europeas, como Pisa o Florencia. Las turísticas calles de esta última urbe están plagadas de carteles avisando al ciudadano de la prohibición de comprar productos pirata y el multazo que ello conlleva: hasta 10.000 euros en Florencia.

«Autónomos del delito»

Mientras, el sistema de distribución entre las redes de suministro de productos falsos y los vendedores callejeros ha variado en los últimos años. «Antes los manteros iban a los pisos o almacenes ilegales, se llevaban el género y después, conforme a lo que vendían, pagaban a la mafia y ellos se quedaban una parte. Ahora las redes actúan de otra manera: los vendedores pagan previamente por el genero y luego se quedan con todos los beneficios», explica el policía de Valencia experto en piratería. Los manteros se han convertido en auténticos «autónomos del delito». De esta manera, las mafias «trasladan todo el riesgo y la posibilidad de perder las ganancias a los top manta», subraya el agente.

Manteros en la calle Calabazas de Valencia.
Manteros en la calle Calabazas de Valencia. / Jesús Signes

Las Fuerzas de Seguridad critican la «merma de agentes y de especialización de policías» en las calles de Valencia, uno de los principales meollos de la piratería en la Comunitat y en España. La falta de patrullas destinadas a este menester dificulta su control. No sólo en Fallas, cuando la capital se convierte en un 'todo vale' de la venta ambulante, sino durante el año , campan a sus anchas los 'top manta' en barrios como Ruzafa, el paseo marítimo o el entorno de los mercadillos. Y la presión policial se ha revelado clave a la hora de acabar con la presencia de este problema en otros enclaves como Cullera o Gandia, antes tomadas por los manteros en las zonas de playa y épocas veraniegas y ahora mucho más controlado, sino casi extinguido.

Controlan el horario policial

¿Quiere usted comprobar la mayor avalancha de manteros en la ciudad? Las dos del mediodía y las ocho de la tarde son los instantes del día, en épocas sin fiestas ni acontecimientos especiales, en que mayor número se concentran en la vía pública. ¿La razón? «Los manteros controlan a la perfección los cambios de turnos policiales, y aprovechan esos instantes para vender todo lo que pueden», explica el policía de Valencia con décadas de experiencia en la materia.

Desde la Fiscalía coinciden en la falta de funcionamiento de la maquinaria legislativa para acabar con la lacra de la piratería. El verdadero meollo del delito no está sin embargo en las calles, en las mantas, sino en las descargas ilegales y el consumo ilícito de productos audiovisuales a través de la red. En internet se concentra el 80% de los delitos. Pero para los fiscales, las leyes actuales no son apropiadas. «La persecución al top manta es ineficaz para dar protección al consumidor y al titular del derecho de propiedad intelectual e industrial. Se debe potenciar la persecución del gran distribuidor», asegura una fiscal del área penal.

La representante del ministerio público sí se muestra partidaria de abrir el debate sobre la reducción de condena para estos delitos. Considera que el aumento de castigo no es una solución. «Convertir el top manta en infracción menos grave tiene la finalidad de acelerar las expulsiones por la vía de la sustitución de la pena», explica. Y pone sobre la mesa un dato de técnica jurídica que dificulta la probatura en un proceso judicial: si uno no sabe que esté cometiendo un delito, no se le puede condenar. «La principal dificultad radica en la probanza del conocimiento de la ilicitud penal de su acto. Conocen que la conducta es administrativamente reprochable pero la escasa inclusión social de los investigados impide probar el conocimiento que tienen de que aquello que venden es delito», añade la fiscal.

Desde la Federación de la Propiedad Intelectual, lo tienen muy claro. «No se puede mezclar la situación irregular de los vendedores con su daño a la industria. Hay que ayudar a mejorar su situación, y esto podría ser un atenuante en los juicios, pero esa actividad debe estar prohibida y penada», cierra severo Tourné.

Un vendedor en el Paseo de Ruzafa de Valencia.
Un vendedor en el Paseo de Ruzafa de Valencia. / Irene Marsilla
Mónica Dopico. Inspectora jefe de delitos contra la propiedad «No venden para comer, detrás hay grupos criminales»

Airbags, rodamientos de máquinas, viagras, los eternos perfumes de Chanel, bolsos de Tous y películas de estreno. Incluso las que aún no están ni en cartel y se ven con subtítulos en chino. Mónica Dopico lo ha visto absolutamente todo en falsificaciones. Y no duda al distinguir una verdad de una mentira. Cuando surge el debate de legalizar el top manta como una cuestión de humanidad hacia personas sin papeles, es rotunda: «No venden para comer, detrás hay grupos criminales. Yo he visto cómo en cinco años salían cuatro millones de euros hacia Senegal procedentes del top manta. Eso es blanqueo de dinero».

Dopico es inspectora jefe de la sección de Propiedad Intelectual e Industrial de la Policía Nacional en Madrid y una de las mayores expertas en la materia de España. Y no sólo hablamos de pérdida de dinero o merma de puestos de trabajo. El auge de los medicamentos falsos y su venta por internet es hoy uno de los mayores peligros con los que lidian las Fuerzas de Seguridad: «La Organización Mundial de la Salud calcula en más de 200.000 las personas que mueren cada año por medicinas fraudulentas».

La inspectora recuerda el absurdo que rozan muchos clientes de falsificaciones: en Valencia cayó una red que tuneaba coches viejos con un exterior de fibra de vidrio que imitaba a Ferraris. Pagaban hasta 50.000 euros por coches «que luego ni frenaban».

Un latero en la plaza del Ayuntamiento en las pasadas Fallas.
Un latero en la plaza del Ayuntamiento en las pasadas Fallas. / Damián Torres
Madior. Mantero de Ruzafa «Antes pasaba hachís, esto no es tan malo; en Fallas gané 400 euros»

A Madior hasta se le ha olvidado el pueblo en el que dice que residía en Senegal. «Este domingo (la pasada semana) voy a ver el maratón», explica entre semana muy integrado en la ciudad, mientras ordena colgantes, bolsos, cedés y deuvedés en una manta blanca como la nieve en pleno paseo de Ruzafa. El joven de 32 años lleva dos ya en Valencia. No siempre haciendo lo mismo. «Antes pasaba hachís pero ‘no gustaba’. Esto no es tan malo», ríe mientras exhibe unos dientes tan blancos como su manta. En la hora que LASPROVINCIAS pasa junto a él, ni un sólo cliente le compra productos. Muchos miran y cotillean, pero no se mueve ni un euro. Temporada baja para el pirateo. «En sólo una semana de Fallas me hice 400 euros», presume el inmigrante.

Se mueve inquieto cuando se le pregunta por papeles o a quién le compra el género. De hacerse una foto para ilustrar esas líneas no quiere ni hablar. El viernes estuvo en la concentración que organizó el denominado Sindicato de Manteros frente al Ayuntamiento. El grupo, con implantación en las principales capitales, pide la regularización de los manteros y que se permita legalmente la venta ambulante. No tanto de top manta como de otros productos, algo a lo que también se oponen los comerciantes legales.

Precisamente la de los lateros ha sido una de las actividades que más protestas ha desatado estas Fallas entre los negocios con todo tipo de permisos. «El negocio era para los lateros, venta ambulante o mochileros, que montaban sus chiringuitos impunemente», se quejó la Federación de Empresas de Ocio.

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