Las Provincias

«Es el hogar de nuestros niños»

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José Ramón muestra una copa ganada por los menores. :: j. signes

  • Religiosas y trabajadores muestran el centro ante la acusación de maltrato

  • Calefacción, duchas en perfecto estado y limpieza reinan en el establecimiento; «es falso que cogieran comida del contenedor», dicen unas vecinas

valencia. José Ramón sabe lo que es perder a sus padres. Con sólo tres años quedó en manos de la Beneficencia de Valencia. Ahí estuvo hasta los seis, cuando pasó a quedar bajo los cuidados de la Misericordia. A partir de los 16, su destino quedó ligado al apoyo de Hosoju, bajo el manto protector del padre Fernando Giacomucci. Luego acabó en la Legión. «Fíjate, podría haber acabado en la delincuencia, por ahí perdido y cometiendo maldades. Sin embargo, en todos esos sitios lo que hice fue ganar una familia, crecer en el cariño». Y eso mismo es lo que José Ramón hace entre los muros del colegio Nuestra Señora de la Resurrección. Disfrutar con cada una de las copas ganadas «por los chavales». Enseña alguna con orgullo, aunque también reivindica. «¿Cómo se atreven a decir que aquí no hacen actividades extraescolares? José Ramón recuerda cada marca en puertas o ventanas, de los conflictos, discusiones o puñetazos de rabia de los chavales. Batallas educativas con los menores, al estilo de 'Hermano mayor', como se dijo en la rueda de prensa. No lo oculta, es parte de su profesión y labor pedagógica. «No vamos a negar que muchos niños son difíciles de tratar, problemáticos», reconoce. De huérfano a educador de niños desprotegidos. «Y este es el hogar de nuestros niños, ¿está fatal, verdad?», ironiza José Ramón.

El empleado del centro de las terciarias es uno de los guías en la jornada de puertas abiertas con la que las religiosas trataron de disipar cualquier duda con respecto al mal estado de las instalaciones aducido por la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas. Oltra acusó a las religiosas de haberse reformado su zona y tener en pésimas condiciones la de los menores. Pero una visita a las cinco plantas del edificio hace muy difícil distinguir cuál de las habitaciones son las Terciarias y cuáles de los internos. Todas se encuentran en perfecto estado, con mobiliario humilde pero en absoluto descuidado. Decenas de vecinos de Segorbe respondieron ayer al llamamiento de las religiosas para visitar las instalaciones. Antes de las 10 de la mañana, cuando estaba previsto el comienzo de la jornada, ya había gente esperando en la calle. «Está todo perfecto, muy limpio», comentaban cuatro mujeres mientras contemplaban uno de los dormitorios. Ante la presencia de los periodistas, no dudaban en desmentir otra de las acusaciones lanzadas por Oltra: «Eso que dicen de que cogían comida de los contenedores, es falso. ¡Esto es un pueblo! Si hubiera pasado algo de eso nos habríamos enterado, es mentira», explicó una de ellas.

Un «café sin caducar»

Entre los periodistas y los vecinos camina seria Mila, una de las jóvenes educadoras del centro (la misma que recibe un abrazo de una compañera en la fotografía de la siguiente página). Sonríe a medias, como amarga, cuando se le pregunta '¿cómo estáis?'. El miércoles escuchó en directo desde la tribuna de invitados de Les Corts cómo Mónica Oltra desgranaba el rosario de acusaciones contra el centro y daba datos de menores. «Sientes impotencia. No puedes decir nada, ni gesticular, y cuando se dicen tantas barbaridades, es muy duro», suspira Mila.

La ironía no faltó entre las religiosas y las responsables del centro. «Luego os invitamos a tomar un café... sin caducar», fue la sarcástica puntualización de Concha García, la directora del centro de las Terciarias Capuchinas. «Esta es nuestra casa, y ahora vuestra casa», añadió la responsable.

Las paredes del colegio Nuestra Señora de la Resurreción está plagado de carteles con mensajes positivos. Buenas vibraciones para los chavales. «Yo iba por aquí en invierno en manga corta», señala José Ramón al paso de una de las muchas placas de calor que lucen en el centro. Luego ofrece un firme apretón de manos como despedida. De legionario. De educador de niños vocacional.

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