Las Provincias

Una valenciana, sin piso y en pijama en Nueva York

Silvia y su marido Josh, en pijama y con chanclas, en la calle en Brooklyn.
Silvia y su marido Josh, en pijama y con chanclas, en la calle en Brooklyn.
  • Donan 10.000 € a una valenciana tras arder su apartamento

El 3 de febrero, la valenciana Silvia Aparicio y su marido Josh eran un feliz matrimonio, año y medio casados y con un idílico piso en Brooklyn. Veinticuatro horas después, los dos estaban en pijama y en chanclas en una calle de Nueva York, en medio del frío de febrero, rodeados por bomberos y mirando atónitos el humo saliendo de su apartamento. Con su pasaporte, su tarjeta de residencia y todas sus pertenencias dentro.

Las llamas se iniciaron en una vivienda situada al lado. «El resultado fue demoledor. Todo destrozado. Paredes, techos, baño… Se podía ver a través de las paredes tres casas más allá. Al entrar, los calcetines se me llenaron de agua y mugre», rememora hoy Silvia.

Pero si en un sólo día el destino de la pareja (se casaron tras conocerse en un tren en el que viajaban de Long Island a Manhattan; él publicitario y ella mánager en una empresa importadora de vinos) pasó del idilio al infierno, en unos días más tocaron el cielo de la solidaridad. Sin casa, apenas con pertenencias y sin seguro que cubriera el siniestro en su piso de alquiler, la ayuda sólo llegó en forma de un techo que les dio Cruz Roja para dormir, 250 dólares y una bolsa con enseres personales. Gracias a un primo de su madre lograron otro alojamiento en Nueva York. Pero el cielo se les abrió cuando una tía de Josh tuvo la iniciativa de lanzar una campaña de donativos solidarios en internet. En unos días lograban más de 10.000 euros.

«La respuesta nos ha dejado sin palabras. Tenemos donaciones del pueblo (Siete Aguas), papás de amigos de Nueva Zelanda o Australia, amigos de Bélgica, Letonia, Italia, Chile, Alaska... Familiares, vecinos, colegas del trabajo, clientes y ¡hasta mi jefe donó 500 dólares! Aunque estemos solos en Nueva York, nos hemos sentido infinitamente arropados y queridos». Ahora buscan otro apartamento y afrontar el juicio por el incendio. Eso sí, sin dejar de sonreír, como en su foto con los bomberos neoyorquinos.