Paseos románticos, los primeros besos de amor y melancólicos recuerdos saldrán a la luz tras la retirada del muro que rodea el jardín de Monforte y que está asfixiando la vegetación y árboles del interior. Una decisión que ha tomado el Ayuntamiento, tal y como avanzó LAS PROVINCIAS, y que apoyará en parte hoy el Consell Valencià de Cultura en su pleno.
En la junta, los miembros del órgano consultivo acordarán solicitar al Ayuntamiento que retire el muro. Sin embargo, en el dictamen que ha elaborado esta institución, puntualizarán que parte del muro se mantenga en pie en recuerdo de lo que fue este romántico jardín propiedad de la condesa de Ripalda.
En el informe plantean que se alterne parte del muro con una verja y sobre todo que se ubique una puerta en la calle Monforte porque son muchos los que se confunden y no aciertan a encontrar el acceso a este singular y romántico espacio donde se celebran bodas civiles. Pero, a pesar de que exigen que se respete parte del muro, el Consell Valencià de Cultura advierte en el detallado informe, que gran parte del muro debe desaparecer con urgencia para evitar enfermedades irreversibles en los árboles. La estructura amurallada impedía que la vegetación pudiera respirar y los árboles crecían con dificultad. Incluso, los jardineros encargados de su mantenimiento comprobaron que estaban apareciendo hongos muy dañinos para la salud arbórea.
Esta propuesta ya la planteó el profesor paisajista de la Universidad Politécnica, José Francisco Ballester-Olmos.
El presidente del Consell Valencià de Cultura, Santiago Grisolía, insistía ayer en la importancia del acuerdo al que llegarán en el pleno. «Es necesario retirar el muro para la salud del jardín», explicó.
Otra de las peticiones que realizará el órgano consultivo es el de incorporar una esquina recayente a la calle Monforte junto a estos 12.000 metros cuadrados de este jardín declarado Artístico Nacional en 1941 por su singularidad.
Si la propuesta prospera no será el único lugar que conserve parte del muro como señal de identidad. En la antigua cárcel modelo, donde se está construyendo un centro administrativo, se conservará un fragmento del muro que rodeaba todo la instalación penitenciaria. Berlín también conservó parte del muro que dividió la ciudad en dos y que hace escasos días se celebró su 20 aniversario de su caída.
La importancia de este singular jardín radica en su historia nacida tras el capricho de la condesa de Ripalda, antepasada de Jaime de Marichalar. La condesa, María Josefa Paulín de la Peña, viajó en su infancia a Francia y a Bélgica y soñaba con un palacio y un jardín de la misma belleza que los visitados con su padre.
Su sueño hecho realidad y en su segundo matrimonio con el conde de Ripalda logró que le construyeran un castillo emulando a un chateau francés de estética romántica y, sin duda, un precedente en la Valencia de aquella época.
Costa azul
Situado en el comienzo del Paseo de la Alameda, frente a la Fuente de las Cuatro Estaciones, en la ciudad de Valencia, el palacio de Ripalda fue construido entre los años 1889 y 1891 por el arquitecto valenciano Joaquín María Arnau Miramón. Pero el castillo albergaba un jardín con estética similar a los de la Costa Azul.
El jardinero mayor del Reino, Fernando Llopis, fue el encargado de satisfacer los deseos de la condesa y plantar el primer ficus de Valencia. Un ejemplar que ya decoraba los jardines europeos, pero que nunca visto en Valencia. Este ficus, ubicado junto al edificio de la Pagoda preside la Alameda desde 1881. El ejemplar se encontraba dentro del recinto amurallado del palacio, pero cuando se derribó y se construyó el edificio de la Pagoda quedó al descubierto y luce desde entonces.
El profesor Ballester-Olmos ha estudiado e investigado la historia de este palacio, la vida de la condesa de Ripalda y los detalles de este jardín de ensueño y testigo de muchos besos robados.
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