El lunes 16 ha arrancado la campaña de vacunación de la gripe A, una patología con la que llevamos conviviendo desde hace meses, con mayor o menor intensidad. Durante este tiempo, esta enfermedad ha recorrido un camino paralelo a la gripe convencional, a la que hoy día ha dejado en segundo plano ocupando su espacio en el 100% de los casos detectados en la Comunidad Valenciana.
Cuando hablamos de gripe A, es importante hacerlo desde la necesidad de mantenerse informado, como primera medida de prevención. También lo es situarse alejado de la alarma social, asumiendo la realidad de esta patología desde la responsabilidad y la sensatez, centrándose en los recursos disponibles y en el uso racional de los mismos.
En el caso de los grupos de riesgo, mayores de 65 años, enfermos crónicos, personal sanitario, niños de entre 5 y 14 años, mujeres embarazadas o inmunosuprimidos, en los que se da por sentada una mayor vulnerabilidad, la responsabilidad frente al contagio pasa por la vacunación y llegado el caso, los tratamientos antivirales existentes que curan o amortiguan los efectos de esta enfermedad.
En cuanto el resto de la población, la sensatez marcha paralela a la información como una de las mejores herramientas existentes frente al contagio y en su caso, el tratamiento. Mantenerse informado es ya prevenir. No en vano, esta información ha sido y continúa siendo fluida, constante y actual, tanto en instancias gubernamentales como en otros canales de información. Entre ellos los que ha proporcionado el Colegio de Médicos de Valencia, a través de su página Web, y de la comisión informativa creada para tal efecto.
Es un hecho que vivimos en un mundo interconectado que facilita la instantánea difusión de las infecciones. El primer caso de contagio fue detectado en México el 2 de abril pasado. En 28 días, la nueva gripe se ha extendido por todo el mundo, lo que pone en evidencia la fragilidad de nuestra sociedad globalizada ante eventuales enfermedades infecciosas. De cualquier modo, existen diferencias entre una situación de posible contagio y el alarmismo sobredimensionado que pueda ocasionar la interpretación de esta patología para la cual -y sin restarle la importancia que tiene- el sistema sanitario dispone de sobrados recursos para hacerle frente.
Por ello, conviene actuar en consecuencia, acentuando la precaución en los grupos de riesgo y la responsabilidad en el resto de la población. Es importante mantener una actitud racional frente al contagio y su tratamiento -llegado el caso- como también lo es evitar la alarma social y sus efectos en el sistema sanitario -saturación, etc.- ambos casos perjudiciales para el ciudadano.





