La tradicional carestía de medios que sufre la Guardia Civil parece acompañar al legendario cuerpo armado como una de sus señas de identidad, casi al nivel de la pareja o del tricornio. La barbarie de los atentados etarras contra casas cuartel de la Benemérita ha permitido a la sociedad española conocer la modestia con la que viven los agentes. Pero ahora, esta precariedad se ha trasladado al trabajo diario de los guardias, según denuncia la AUGC, la asociación mayoritaria dentro de la Guardia Civil.
La oleada de robos en las urbanizaciones de la Comunitat Valenciana ha destapado la desigual batalla que los agentes libran contra la delincuencia, cada vez más organizada y con medios más sofisticados. Algunos guardias tienen que utilizar sus propios vehículos particulares, incluso sus teléfonos móviles, en labores de investigación y vigilancia. Una situación que contrasta con los discursos triunfalistas emanados del Gobierno respecto a una disminución de los índices de delincuencia. Difícilmente puede llegar a ser creíble la labor del Ejecutivo en esta materia si el instituto armado destinado, junto con la Policía, a garantizar la seguridad ciudadana no dispone de suficientes medios con que hacerlo. La crisis económica que con tanta crudeza se refleja en los Presupuestos del Estado para 2010, no puede tener consecuencias directas en el funcionamiento de la Guardia Civil. Los robos a chalés en las urbanizaciones pueden ser sólo un primer aviso si la situación en la Benemérita no se revierte cuanto antes.





