La delgada línea que unía al ex secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, con la dirección nacional del partido se rompió ayer. O mejor dicho, se resquebrajó hace varios días, y ayer terminó de saltar por los aires. La formación con sede en la calle Génova, poco después del mediodía, comunicó formalmente que Costa quedaba suspendido de militancia de forma temporal. Una expulsión que generó un terremoto político, otro más, en el PP valenciano.
Los acontecimientos no arrancan de la jornada de ayer, aunque el detonante de la decisión de Génova fueron unas declaraciones de Costa en los pasillos de Les Corts, en las que además de autoproclamarse secretario general del partido, retaba a la dirección nacional a pronunciarse sobre su persona.
Las palabras de Costa, pronunciadas además poco después de un abrazo en el hemiciclo de Les Corts con Francisco Camps, fueron interpretadas como lo que eran, un desafío a la dirección nacional, muy similar por cierto al que planteó el 13 de octubre por la mañana, cuando compareció ante los medios para emplazar a Génova a abrirle una investigación si tenía alguna duda sobre su comportamiento en el partido en relación con el 'caso Gürtel'. Y Dolores de Cospedal, distanciada desde hace meses de Costa, ordenó la suspensión inmediata de militancia. El afectado se enteró por la prensa de la noticia y no recibió comunicación oficial hasta pasadas las 19.00 horas.
Pero el motivo inicial de la suspensión de militancia de Costa tuvo su origen en una conversación el miércoles por la noche entre Camps y un miembro de la dirección nacional del PP. Según las fuentes consultadas por este diario, el presidente de la Generalitat trasladó a Génova su intención de convertir a Costa en miembro del Gobierno valenciano. La reacción de la dirección nacional del partido fue contundente. En ningún caso se podía producir esa decisión de ese tipo, porque no tendría ningún encaje con la adoptada hace dos semanas, de apartarle de la dirección del partido por haberse visto salpicado por el 'caso Gürtel'.
Remodelación
El veto de Génova a que Camps modificara su Consell en esos términos -tenía intención de efectuar esa remodelación la próxima semana- derivó en una monumental bronca entre el líder de los populares valencianos y su interlocutor. Las fuentes consultadas por este diario aseguraron ayer que Camps llevaba varias semanas transmitiendo a Costa la posibilidad de incluirle en el Ejecutivo, y que incluso en las últimas horas le había trasladado que haría oficial esa decisión si no acudía ayer a la sesión plenaria de Les Corts. Costa, finalmente, optó por acudir al Parlamento.
La decisión de la dirección nacional del PP generó un tsunami político en la Comunitat. Costa era, hasta hace cuestión de días, el número dos del PP en la Comunitat, y sobre todo, la mano derecha de Francisco Camps. El líder del PP, por la tarde, en el acto de inauguración del Ágora, señaló que el PPCV «está al servicio de nuestros conciudadanos» y la formación «acata la decisión de la dirección nacional porque formamos parte de un todo, el PP de España, con Mariano Rajoy a la cabeza» y en esta línea, añadió que «cualquier decisión que toma la dirección nacional, cualquier militante la tiene que acatar». «Tenemos por Costa el mayor respeto y avalamos su excepcional gestión como secretario y portavoz durante estos años», dijo Camps, que subrayó que la decisión adoptada por la dirección nacional «nada tiene que ver» con los dos cargos desempeñados por el ex dirigente 'popular'.
La expulsión de Costa acentúa la gravedad de la situación que atraviesa el PPCV. Y se produce justo dos semanas después de que se produjera la reunión del comité ejecutivo regional de los populares, y que provocó que Costa abandonara la secretaría general. Durante este plazo, el ya ex número dos se ha dedicado a tomar decisiones encaminadas a demostrar ante Génova que su gestión al frente de la secretaria general estaba fuera de toda duda.
Sin embargo, dos semanas después el diputado popular seguía sin haber sido llamado a declarar por parte de la comisión de garantías del PP. El dirigente popular se hartó probablemente cuando comprobó que, en cambio, las declaraciones del vicealcalde de Madrid Manuel Cobo el pasado lunes sobre la situación de Caja Madrid generaron una reacción inmediata por parte de la dirección nacional.
Que Génova haya tomado la iniciativa generó ayer un buen número de interpretaciones entre los cuadros medios del PP valenciano. Entre otras razones, porque se produce justo después de que los tres presidentes provinciales se hubieran reunido para emplazar a Francisco Camps a reunirse con ellos, primero, y a adoptar medidas para resolver la situación creada desde que se apartó a Costa de la secretaría general. Los movimientos de Alfonso Rus, Carlos Fabra y Joaquín Ripoll contribuyeron además a generar una cierta imagen de debilidad del presidente de la Generalitat y del PPCV.
La expulsión de Costa -que en principio no tiene por qué provocar su salida del grupo popular- provocará razonablemente que Camps, ahora sí, tome decisiones. Esa ha sido la postura que le han trasladado los presidentes provinciales y también la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, en sus últimas conversaciones.