Tres de la madrugada. Un matrimonio duerme en su chalé. Una ventana ha sido forzada. La luz de una linterna recorre silenciosa cada rincón. El ladrón busca joyas, la cartera, un portátil... Todo vale si es pequeño, valioso y fácil de transportar. No está solo. Un colega le cubre desde el exterior. Lo más importante son las llaves del Mercedes aparcado en la calle. Están junto a la entrada. Sólo falta salir de la vivienda, entrar en el coche y arrancarlo.
Con pocas diferencias entre cada asalto, esta operación fue repetida medio centenar de veces por la última banda de ladrones desmantelada por la Guardia Civil en Valencia. Así consiguieron un inmenso botín de electrodomésticos y joyas, además de una flota de 30 vehículos. Es el poder de los murcigleros, como se conoce al grupo de delincuentes especializados en asaltos nocturnos a viviendas con los moradores dentro.
Prácticamente no queda ninguna urbanización valenciana que se haya librado de su visita. En el último año, estos intrusos se han colado en 200 viviendas de la Comunitat. En este periodo han sido desmanteladas siete bandas de este tipo y arrestados 100 ladrones.
¿Cuáles son las claves del auge de esta modalidad delictiva? Los agentes lo tienen claro: «la planificación de sus golpes y la especialización que están adquiriendo. Con muy poco riesgo, sin emplear la violencia, pueden acabar, en pocos minutos, con un coche de alta gama».
Las víctimas coinciden en la sensación de «inseguridad e impotencia» que da «saber que has estado indefenso, a merced de extraños en tu propia casa». «Los ladrones se van, pero el miedo se queda». Son palabras de Reme, una vecina de L'Eliana que en noviembre sorprendió a unos murcigleros en su chalé. Su perro, Rudolf, ahuyentó a los ladrones. Todavía no ha borrado de su memoria «las luces rojas de sus linternas recorriendo el salón».
Lo mismo le ocurre a A. P., un joven vecino de La Canyada. Sorprendió a un ladrón junto a su dormitorio. «Han pasado cinco años y aún recuerdo que fue un martes. Hasta entonces nunca había usado pestillo en el dormitorio ni cerraba la puerta. Es algo que no se olvida. Tu habitación es lo más íntimo que puedas tener y te sientes invadido. Después puse pestillo y rejas en todas las ventanas de casa». Los días posteriores al asalto fue incapaz de descansar en el dormitorio «Lo hacía intranquilo, en el sofá del comedor. Me dormía con las primeras luces del día, cuando me tranquilizaba y caía rendido», recuerda.
Durante algún tiempo se extendió entre las víctimas la sensación de que les habían dormido. Los investigadores no han conseguido constatar, de manera fehaciente, el uso de somníferos por parte de los delincuentes. «Lo que pasa es que son especialistas en sigilo, usan calzado adecuado y suele entrar sólo una persona en las casas, mientras otra le cubre en el exterior o le ayuda a sacar objetos», destacan desde la Benemérita
Pero los asaltos aún puede ser peores. Junto a los murcigleros, monopolio de rumanos, lituanos y albano-kosovares, están los atracos con violencia extrema, más propios de bandas suramericanas. Sus víctimas son hombres de negocios, empresarios y, en general, personas adineradas en cuyas casas hay joyas o cajas fuertes. En este caso entran en juego los golpes, las cuerdas en las manos, los cañones en la sien o las amenazas de matar a hijos o esposa.
«Sólo queremos olvidar»
«Ahora sólo queremos olvidar. Mi familia y yo aún lo estamos pasando mal». Son palabras de Raúl López, una de las víctimas de la banda de atracadores de chalés desmantelada el miércoles por la Policía Nacional en Valencia y Alicante. Su infierno ocurrió el 8 de julio. A plena luz del día. Cinco encapuchados irrumpieron en la casa del perito industrial en Dénia. Le encañonaron con pistolas, le ataron a una cama, amordazaron a sus familiares y le amenazaron con asesinarlos.







