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27.09.09 -

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DAVID VALERA
¿Cuánto cuesta ver a Usain Bolt desafiar los límites de la naturaleza humana y volar sobre una pista de atletismo? ¿A Isinbayeva rozar el cielo impulsada por su pértiga? ¿A Michael Phelps deslizarse por el agua con la elegancia y potencia de un delfín para conquistar ocho oros? ¿Al 'dream team' USA machacar el aro con permiso de los ÑBA.? No tiene precio, diría un anuncio. Pero la verdad es bien distinta y se escribe con varios ceros: 2.127 millones de euros. Al menos, esa es la cifra descrita en el dossier de candidatura presentado por Madrid para los Juegos Olímpicos de 2016. Pero, en realidad, se queda pequeña. El 2 de octubre en Copenhague, el Comité Olímpico Internacional (COI) decidirá entre la capital española, Río de Janeiro, Chicago y Tokio cuál es la sede del mayor acontecimiento deportivo del mundo.
La pregunta es evidente. ¿Merece la pena invertir tan ingente cantidad de dinero? ¿Es rentable para una ciudad celebrar los Juegos? Para los expertos no hay duda. «El impacto económico es importante y perdura durante 15 ó 20 años», sostiene el director financiero de Madrid 2016, Gerardo Corral. «Si hay buena organización, logística e integración en todas las políticas de la ciudad, no hay duda de su beneficio», afirma, a su vez, el economista Pablo Alonso, miembro de AFI.
Existe cierta unanimidad en considerar los Juegos de Los Ángeles' 84 como los primeros en exprimir al máximo las oportunidades económicas de un evento así. «Hubo un cambio de visión. La televisión cogió un peso importante. También empezó el programa de patrocinio», recuerda Corral. La celebración de unos JJ OO supone una inversión a largo plazo que va más allá de lo meramente deportivo. Un estudio oficial estima que el coste total en Madrid ascenderá a 18.300 millones de euros en una docena de años, suma que será cubierta por las tres administraciones. El Gobierno central aportará 15.435 millones, la Comunidad de Madrid 1.177 y el Ayuntamiento 1.720.
Esta inversión puede dividirse en tres grandes bloques. El primero es el mencionado presupuesto de 2.127 millones para el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos (COJO), que abarca todo lo relacionado con el apartado organizativo. Esa cuantía se amortiza con los ingresos por venta de entradas, derechos de televisión, patrocinio TOP (empresas privadas), loterías o donaciones. Sin embargo, no incluye las infraestructuras que faltan por construir, como el estadio o la villa olímpica. A este segundo apartado de instalaciones deportivas, telecomunicaciones o infraestructuras se destinan otros 2.742 millones de euros.
El último bloque -el más difícil de cuantificar- hace referencia a aspectos como la seguridad. Por ejemplo, el plan del Ministerio del Interior para garantizar el normal desarrollo de la cita movilizará a 70.000 agentes de los cuerpos de seguridad del Estado, pero su coste no está definido. La mejora de las carreteras para albergar determinadas pruebas tampoco está recogido en el importe total. Pero, ¿cómo se recupera ese dinero?
«Es una inversión muy productiva», dice Alonso. La rentabilidad también se mide en puestos de trabajo. Se estima que la concesión de los Juegos supondría la creación de unos 385.000 empleos directos e indirectos durante el periodo 2009-2016. La mayor parte recaería en el sector de la construcción (59%), seguido de los servicios (30%) y la industria (11%). Sin embargo, algunos economistas, como el profesor de ESADE José Luis Álvarez, ven en esa cifra una «absoluta exageración», al considerar que supondría eliminar de un plumazo casi el 10% del paro actual.
Otro aspecto positivo tendría al turismo como protagonista. Los Juegos supondrían dos millones de visitantes más para la capital, mientras su imagen alcanzaría una proyección internacional de valor incalculable. «Barcelona se abrió al mundo y todavía vive de esa herencia», explica Alonso. Para el profesor Álvarez, «Madrid tiene una posición inmejorable como puente entre Europa, África y América». Además, los efectos beneficiosos se prolongarían durante años.
Según distintos estudios, la repercusión económica de los JJ OO no se produciría de manera lineal sino repartida en un periodo más amplio (2012-2015). Y eso sin contar con el legado deportivo que significaría para los madrileños disfrutar de las instalaciones deportivas y de las mejoras en la reorganización de la ciudad.
Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la sede olímpica es contener el elevado gasto que supone construir las infraestructuras necesarias para tan magno acontecimiento. Montreal' 76 es el paradigma de una ruina económica por culpa de unos Juegos. La ciudad canadiense se endeudó hasta límites increíbles, de tal forma que más de 30 años después aún siguen pagando aquella desmesurada y mal planificada inversión. «En Madrid no podría pasar algo así», explica Corral. Su argumento se basa en la manida idea del proyecto real. Y es que el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón se vanagloria de contar con un proyecto casi culminado, pues el 70% de las instalaciones deportivas ya están finalizadas. El edil madrileño muestra este dato como un aval de garantía en tiempos de crisis. Por contra, Río de Janeiro, cuenta con un proyecto virtual, es decir, con la mayoría de las sedes sin hacer.
La financiación bancaria resulta fundamental para la viabilidad de los Juegos. De ser elegida el viernes próximo, la candidatura española empezaría a recibir dinero desde ese mismo momento por valor de 4,4 millones de euros. Dicha cantidad aumentaría progresivamente cada ejercicio hasta alcanzar los 117,2 millones en 2014. Al año siguiente, el préstamo se empezaría a devolver. En 2016, los bancos habrían recuperado ya 167,5 millones de euros.
La actual crisis convierte a estos Juegos en una oportunidad para revitalizar la economía de la capital y del conjunto del país. «Pondría a España en el foco y recuperaríamos la imagen de Estado potente. Madrid es el motor económico del país. Si le va bien, también le va bien a España», afirma Pablo Alonso. Sin embargo, no todos los economistas comparten esa visión. «Habría un clima más favorable, pero no influiría. Los beneficios son independientes de la crisis», sostiene el profesor José Luis Álvarez. En cualquier caso, los JJ OO se han convertido en un fenómeno mundial. «Antes nadie se peleaba por organizar unos. Ahora todas las grandes potencias o países emergentes aspiran a celebrarlos», comenta Alonso.
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