El día 5 de marzo de este mismo año se presentaba oficialmente la bandera de nuestra ciudad, una vez obtenido el oportuno certificado del Consell Tècnic d'Heràldica de la Generalitat Valenciana.
La enseña, de color morado, que había sido secularmente distintivo de nuestra identidad se hacía entonces oficial. Sobre fondo púrpura, lucía en el centro el escudo de la ciudad (el adaptado en 1997), con los elementos emblemáticos de siempre: castillo sobre ondas de mar, lucero sobre las almenas y por remate corona ducal.
Venía arrastrando la bandera gandiense una tradición de más de 500 años. Y, como no hay refrán que mienta, justificaremos la validez de su abolengo con el que dice: "Bandera vieja honra capitán".
Traigo hoy todo esto a cuento porque un 14 de septiembre de 1596 -sábado precisan la crónicas- se procedía a la bendición de la bandera de la todavía entonces villa de Gandia.
Los apuntes que D. Antonio Martí extrajo de los desaparecidos libros de "Recorts" (o de memorias) de la colegiata han servido para sacar del olvido un acontecimiento local que, aun siendo secundario, encerraba hondo significado cívico.
Ni pongo ni quito rey; transcribo el texto al pie de la letra y de los signos, tal y como aparece en la documentación y que se encabeza así: "Dissapte que contam 14 de Setembre de 1596 se donaren les benedictions a la bandera de la vila de Gandia". No se detallan rasgos descriptivos relativos a la materialidad del símbolo: dimensiones, especificación de color, tipo de soporte, calidad.
Sí se incide, en cambio, en circunstancias protocolarias que rodearon al acto y que bueno será que -siquiera en dosis sueltas- lleguen al lector.
"aguey Misa de pontifical, diguela lo Degà Berberà, asistiren lo Señor Duc Don Carlos segon de aquest nom". Se trata del VII duque, D. Carlos Francisco de Borja y Velasco (1595-1632); el primero de nombre Carlos había sido el V duque, D. Carlos de Borja y de Castro (1551-1592). Y junto al duque "la Sra. Duquesa Dona Artemisa Doria; acompañaren la bandera los principals de la vila y altra gent ab sos arcabusos."
Y como de acto patriótico se trataba, era justo que los honores a la bandera se rindiesen: "estant tots den peus fins acabada la Misa, que la tornaren a la Sala ab la mateixa compañía".