13.09.09 -
Las vallas publicitarias nos han asaltado de repente con un eslogan provocador. Bolsa caca, nos recuerdan en cada esquina, con una campaña que aparenta tintes de oficialidad, aunque obedece a la decisión de una cadena comercial de anticiparse a la normativa que decretará la desaparición obligada de estos recipientes en los que recogemos nuestras compras cotidianas.
Una bolsa de plástico, nos informan, tarda 400 años en desaparecer del medio ambiente. Acojonante. Haz algo por el medio ambiente, nos solicitan; resta C02, nos urgen; más de 200 especies de animales marinos sufren y hasta sucumben por culpa de las bolsas de plástico. ¡Coño! Hay que hacer algo, concluimos de inmediato. Desde luego, yo no quiero ser el malo de la película. Por mí que no quede... Ya está, hemos llegado al punto que buscaban. Han abrazado la nueva doctrina y nos han pillado la moral. Ahora resulta que todos los problemas medioambientales se van a reducir a las bolsitas de plástico que nos dan en los supermercados para recoger las compras. Dejamos de lado las bolsitas y ¡flash!, ya está. ¿Cómo que ya está?
He guardado las bolsas de la última compra y todos los envases de plástico de los artículos adquiridos. He pesado las bandejitas de carne, las botellas vacías de leche, agua, refrescos, gel, champú, lejía, detergente y suavizante; los vasitos de yogures y natillas; los retráctiles que protegían pimientos, tomates y melocotones; los envoltorios de las cortadas de jamón y chorizo, de las cuñas de queso; las bolsas de ensaladas, arroz, fideos, galletas y cereales para el desayuno, y seguro que se me escapó alguna muestra a la basura antes de ser debidamente contrastada.
Los envoltorios referidos pesaban nueve veces más que las bolsas de plástico propiamente dichas, las que merecen la campaña del bolsa caca que nos inunda. Pero nos quieren convencer de que renunciando a la décima parte de nuestros desechos plásticos salvaremos el planeta. No quieren eliminar todos los plásticos, sólo la décima parte de los que salen de un supermercado. Ni siquiera esas argollas que sujetan las latas de cerveza y que sí son culpables de que se ahoguen los peces en el mar.
Sería ideal que volviéramos a la reutilización de verdad, a la recogida y devolución de envases, como antes, pero no es eso lo que buscan, no les interesa; sólo pretenden camelarnos con lo de las bolsas y ahorrarse un gasto. De paso cubren el expediente, nos crean mala conciencia y quedan de cine.




