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21.08.09 -

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Cuando María Ángeles Arazo le hizo en estas páginas la primera entrevista, el arquitecto acababa de organizar el segundo concierto en la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Castielfabib. El año inaugural, 1997, María Mircheva dejó a todos encandilados cuando el lamento de su violonchelo empezó a levantar pasión en las piedras talladas por los templarios; en el verano del 98 fue Perfecto García Chornet quien iluminó la tarde con aquella interpretación memorable de Satie. La magia que Francisco Cervera evoca cada año, desde que el músico falleció.
El arquitecto, un año tras otro, dice que va a ser el último. «Estoy pasota, muy pasota», ha llegado a escribir en su correspondencia secreta a los amigos. En realidad es que le gusta, como a todos, que le regalen un poco los oídos. Le gusta seguir avanzando sobre las dificultades de cada año; y necesita sentirse acompañado de quienes le piden, otra temporada más, que el milagro sea posible: que en la tarde calurosa de golondrinas, mientras el sol se pone en el fondo del valle del río Ebrón, se abra entre las rocas ese paréntesis encantador en el que la música se adueña de todo, salta en el tiempo y escribe su mandato de continuidad.
Este año serán cinco jóvenes pianistas, convocados por el maestro Rafa Salinas, los encargados de poner el acento musical. Aunque la restauración arquitectónica no está enteramente concluida, la vieja iglesia de Castielfabib, en la cima del torreón, está habilitada de nuevo para el culto después de más de una década de trabajos. Las velas, la decoración vegetal ingenuista, la sencillez monacal del recinto, acompañarán el ritual necesario de la música. Que este año ya estarán anunciando las celebraciones especiales del VIII Centenario de la conquista del Rincón de Ademuz, hecho de pactos más que de armas ocurrido en el lejano 1210, cuando Jaime es todavía un niño, como prólogo de la misión que el Conquistador habría de desarrollar en las décadas siguientes hasta consolidar el Reino de Valencia.
Paco Cervera preside el patronato de la conmemoración. Ademuz está lejos, Ademuz parece estar fuera de los circuitos culturales, de las esferas rituales en las que la política invierte porque siente con claridad el retorno electoral. Pero eso se da por sabido. De modo que Cervera, como Cesáreo, como los alcaldes, los maestros y los párrocos, como los pequeños empresarios y tantos otros hombres y mujeres del Rincón, no se rinde. Son gente que puede estar cansada un año, o bautizarse el siguiente como «pasota». Pero que aguanta. La música obra milagros.
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