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Vida y Ocio

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El dibujante alicantino Paco Sáez ha logrado hacerse un hueco en el complejo mundo de la animación y en noviembre estrena 'Planet 51' y 'Spanish movie'
17.08.09 -

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Un talento entre viñetasLabró su futuro a 'golpe' de cabina
FOTOGRAMA. Paco Sáez muestra una de las imágenes de la película Planet 51 en la que ha trabajado. / ALBERTO ARAGÓN
Su nombre es Francisco Sáez, y nació en San Miguel de Salinas, pero lleva más de 15 años recorriendo España como dibujante de storyboards (guiones gráficos) para importantes estudios y se ha labrado una prestigiosa reputación en el mundo del cine y las series de animación, aunque ha colaborado también en películas con actores de carne y hueso.
En noviembre, la multinacional Sony estrena Planet 51, una película de animación en la que Sáez ha trabajó durante tres años, y Fox hace lo propio con Spanish movie una comedia que parodia las películas españolas y cuyo guión gráfico es también obra de este alicantino. Ambas cintas son un producto netamente realizado en España por Ilion Studios, empresa ubicada en Alcobendas, Madrid, para la que Sáez ha trabajado.
Antes también lo hizo para Disney y BRB Internacional, en Madrid, Barcelona y Londres, y de sus manos han salido los dibujos que han marcado el desarrollo de muchas cintas que han cosechado gran éxito, como Hércules o Ángeles SA y docenas de series de animación como David el gnomo o Marcelino pan y vino.
Sáez estudió fotografía en la Escuela de Artes y Superior de Diseño de Orihuela, ya que, dice, siempre le atrajo la imagen. Tras trabajar unos años como fotógrafo, decidió compaginar su talento como dibujante, su conocimiento de los entresijos de la imagen, fija y en movimiento, y su pasión por el cine, y marchó a Madrid, para probar suerte en el mundo de la animación.
No le asustó entonces buscar suerte en una industria en la que las oportunidades escasean, donde hay que ser muy bueno para encontrar, como él lo ha hecho, un trabajo más o menos estable. «Fue difícil, porque los estudios te piden que domines muchos conceptos del lenguaje cinematográfico, además de ser un buen dibujante», señala, pero, prueba a prueba, consiguió ganarse la confianza de los más grandes y hacer su sueño realidad.
Adora su trabajo, del que destaca las «posibilidades de desarrollo creativo» y de hacer «cosas diferentes en cada película».
Por lo general, dibujar el guión gráfico de una cinta le lleva entre dos y tres meses, si no es de animación, y hasta tres años, si lo es, pero «cuando acabas un trabajo, tienes la oportunidad de empezar de cero con otro totalmente distinto».
Es consciente de que la situación de la industria cinematográfica es «difícil, por la piratería» y más aún en España, donde «escasean los estudios con producción propia», pero, aún así, desde sus clases en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de Madrid, y desde las que dará en el máster de la Universidad San Pablo CEU, anima a los jóvenes a los que les guste el cine «a que no se desanimen, porque no es imposible trabajar en ello y es un mundo muy bonito».
Una de las mayores recompensas a su duro trabajo es comprobar, el día del estreno, «que una película en la que has colaborado hace reír o llorar a la gente, porque el público nunca te miente y es entonces cuando ves si funciona»
Sin contactos, ni trabajo, ni experiencia. Así llegó Francisco Sáez a Madrid, hace 15 años para labrarse un futuro como dibujante de animación.
No fue fácil, pero su ilusión, su perseverancia y un método algo improvisado, acabaron dando sus frutos. «Iba a una cabina de teléfono, marcaba el número de información, y pedía el teléfono de algún estudio», relata.
Cuando lo tenía en su poder, «llamaba, confiaba en que un contestador o alguna operadora me dijese dónde estaba situada la empresa y, cuando lo conseguía, me dirigía allí para pedir una prueba».
No esperaba a que le dieran una cita, sino que tocaba muchas puertas y así consiguió que le dejasen hacer algunas pruebas, con las que dejó patente el talento como dibujante que posee. Así, a golpe de cabina, Sáez se hizo un hueco en un mundo tan llamativo y bonito como complicado.
Alguna vez se ha planteado repetir la experiencia que vivió cuando llegó a Madrid, y viajar a Estados Unidos, la meca del cine pero, reflexiona, «tengo en el inglés un hándicap, porque te piden que seas casi nativo».
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