Siempre hay optimistas que quieren ver en la actual crisis económica algún aspecto positivo. Y los hay. Uno de ellos sería tomar conciencia de lo que pasa alrededor y remover el espíritu solidario de quienes han perdido su empleo pero ven que hay gente que está peor. Dedicar algo de tiempo para ayudar en una ONG como voluntario es una buena alternativa para cubrir la falta de actividad laboral.
Los datos de la Fundación de la Solidaridad y el Voluntariado (Fundar) son concluyentes: el número de solicitudes se ha duplicado este año respecto al anterior. María, portavoz de Fundar, matiza que el año empezó con una oferta que prácticamente triplicaba la de 2008, una circunstancia de la que ya se hizo eco LAS PROVINCIAS. Y aunque no se puede calibrar cuál es exactamente la incidencia del paro en este fenómeno, la relación es más que evidente. Pero con el paso de los meses la tendencia se ha ralentizado y en estos momentos las cifras tan sólo duplican a las del año anterior por estas fechas.
Las principales ONG de la Comunitat, sin embargo, no han notado un incremento tan acusado. Carmen Camarena, responsable del voluntariado de Intemón Oxfam, afirma que esta ONG se nutre principalmente de estudiantes y de jubilados y no de desempleados. Por tanto ha experimentado pocos cambios.
Ana López, de Cáritas Diocesana, sí que observa un ligero repunte de ofrecimientos con la llegada del verano, pero no cree que a lo largo del año haya aumentado el voluntariado por la crisis. «Además, el parado tiene la limitación de condicionar su disponibilidad a la búsqueda de empleo, como es lógico. Es mejor contar con gente que sabe exactamente qué tiempo nos puede dedicar», asegura. Ana puntualiza que ha notado más respuesta tras una campaña en los medios que ante la actual crisis económica.
Ángel, de Manos Unidas, opina de forma parecida y también admite que «ahora con el verano si que hay más ofertas para colaborar pero es normal, ocurre todos los veranos».
Pero las cifras de Fundar no engañan y, por contra, hay otras ONG donde sí se ha hecho notar ese incremento de solicitudes. Pepa trabaja desde hace un mes en la Fundación Tierra de Hombres, dedicada a la ayuda de la infancia. Y ella es un vivo ejemplo de ese volver la mirada hacia los demás a raíz de perder su trabajo. Y cita el caso de una amiga suya «que ha hecho lo mismo y tras quedarse en paro: ir a una ONG».
El responsable de voluntariado de la Asociación San Juan de Dios en Valencia, Chema Montserrat, afirma que nunca había tenido tanta gente que se ofreciera como voluntario para desarrollar un trabajo social. «Se ha triplicado el número de ofertas», aunque subraya también que «lo malo, y también lo bueno, es que a veces duran poco porque vuelven a encontrar trabajo y ya no pueden dedicar su tiempo a la ONG»
Para los sin techo, la actual recesión ha supuesto un duro golpe en una vida ya de por sí difícil. Chema Montserrat confirma esta realidad: «El resultado de la crisis es que ha bajado mucho la edad de la gente que se aloja en nuestro albergue, más de 10 años como media. Tenemos gente realmente muy joven; el sin techo ya no tiene el perfil de un hombre mayor de 40 años. Y también se nota la crisis en que las estancias se alargan mucho».
El albergue de San Juan de Dios de Valencia, en el corazón del barrio de Sagunto (calle Luz Casanova, 8) ofrece 50 plazas para los sin hogar más otras diez específicas para inmigrantes sin papeles, principalmente subsaharianos. El albergue tiene cinco pisos y dispone de salones de reuniones y esparcimiento para que sus residentes se sientan en casa. El comedor es familiar y se hacen dos turnos, para evitar la sensación de masificación. Las 5o habitaciones son individuales para preservar la intimidad. Y todo reluce en el albergue con extrema pulcritud: los suelos, las paredes, los baños, la cocina...
Esta orden religiosa gestiona también ocho pisos (tres tutelados y cinco semitutelados) para los sin hogar que acceden a pasar a una segunda fase en el proyecto de reintegración.
La diferencia básica entre la Casa de la Caridad y San Juan de Dios es que los acogidos en este albergue no son transeúntes, aunque los haya puntualmente. Son personas que participan en un programa de integración y normalmente provienen de Proyecto Hombre o de Alcohólicos Anónimos. Su llegada a este centro está determinada por el CAST (Centro de Atención a los sin Techo) un organismo municipal que subvenciona a la asociación y, por tanto, dispone de gran parte de la cincuentena de camas. Igualmente Avape (Asociación Valenciana de Ayuda a Personas Excluidas) colabora con San Juan de Dios y envía a personas integradas en algún programa de rehabilitación. Pero el albergue también tiene un voluntariado de calle que se relaciona con las personas que duermen en bancos, en coches abandonados o en cajeros y les proponen entrar en el albergue.
«Este es una albergue rehabilitador -precisa Montserrat- porque nuestra finalidad no es tanto la de ayudar de forma puntual como la de iniciar un programa que lo devuelva a la sociedad en condiciones mínimas de dignidad y autoestima. En la segunda fase, cuando ya pasan a pisos tutelados, nos ocupamos de administrarles el dinero de la prestación social. En caso de que no reciban esa ayuda se la gestionamos y prácticamente todos tienen algún ingreso».