Un goteo constante de pequeñas embarcaciones salpica las costas valencianas desde hace dos años. No más de una decena de inmigrantes a bordo de cada una de ellas copan la atención de la Policía y la Guardia Civil. La sospecha de las fuerzas de seguridad es clara: las mafias africanas están utilizando pateras como señuelos para desviar la atención policial e introducir de este modo alijos de droga en la Comunitat Valenciana.
«Se trata de mafias, controladas por africanos y españoles, que utilizan el tráfico de personas para enmascarar la entrada de drogas. Su principal negocio, y el que realmente les reporta beneficios, es la introducción de drogas. El de inmigrantes sólo les sale rentable si lo hacen a gran escala, como en Canarias, que llegan cayucos con más de 100 personas», aseguró Manuel Martínez, secretario en Alicante de la Asociación Unificada de Guardia Civil (AUGC).
La Benemérita ha detectado esta maniobra de despiste en varias ocasiones. Hace dos años la llegada de varias pateras al Campello y Benidorm coincidió con la incautación de un alijo de hachís a tan sólo unos kilómetros de allí.
En julio de 2008, la Guardia Civil interceptó una embarcación de vela en Xàbia cargada con cuatro toneladas de hachís. Unas horas antes habían llegado tres pateras a Torrevieja.
Las investigaciones policiales también apuntan a que un buque nodriza traslada a los inmigrantes desde Argelia y Marruecos. «Cuando el barco se encuentra a unas 30 o 40 millas de la costa distribuyen a los inmigrantes en varias pateras y les dan unas instrucciones básicas sobre cómo llegar a la playa más cercana», explicó el secretario de AUGC.
Una de las principales dificultades para detectar estos barcos nodriza es que se trata de mercantes y pesqueros, por lo que pasan desapercibidos entre el resto.
Los especialistas coinciden en que es imposible que una embarcación de no más de cinco metros de eslora pueda llegar a la Comunitat desde las costas africanas. La patera no tienen suficiente autonomía para recorrer los cientos de kilómetros que separan ambos continentes.
Además, el estado de salud de sus ocupantes suele ser bueno, algo que resulta poco probable si viajan en una embarcación de pequeñas dimensiones desde África. «Esos barquitos no pueden navegar en altar mar. El viento los tumba», afirma Juan Antonio Sepulcre, presidente de la Cofradía de Pescadores de Dénia.
Precisamente los marineros de un pesquero de la cofradía de Dénia, el 'Lasal i Surdo', rescataron el mes pasado a ocho inmigrantes que viajaban en una patera que se quedó sin gasolina. «Trasladamos la lancha hasta el puerto, escoltados por la Guardia Civil y Salvamento Marítimo», cuenta Sepulcre.
Traslado al hospital
Una vez en tierra, Cruz Roja había instalado una carpa de emergencias para ofrecer los primeros auxilios a los indocumentados. «Sólo hubo que trasladar a una mujer a un centro hospitalario. Normalmente son varones jóvenes, aunque están cansados y con el mal trago propio de un viaje así. Llegan deshidratados y con niveles de azúcar fuera de normal. Pero suelen estar en buen estado de salud», afirmó Andrés Chessar, responsable de la atención al inmigrante de Cruz Roja.
Sin embargo, tanto a los pescadores y testigos como al propio personal de la entidad les sorprendió que los náufragos de Dénia iban bien vestidos y portaban joyas y teléfonos móviles. «El hecho de que vayan aseados es una forma para intentar pasar desapercibidos entre la población y no ser detectados fácilmente como ilegales que acaban de llegar a la Comunitat», señala Martínez.
El hallazgo de la patera de Dénia concidió con la llegada, pocas horas después, de otra al Cabo de Huertas. En menos de dos años, la Comunitat ha sido el destino de más de 20 pateras procedentes, principalmente, de Argelia y Marruecos.
Las primeras embarcaciones con indocumentados a bordo llegaron a las costas valencianas el 15 de septiembre de 2007. Cuatro pateras fueron localizadas vacías y de madrugada en Pilar de la Horadada, Guardamar del Segura y el Campello. Era la primera señal de que la presión policial ejercida sobre las costas andaluzas comenzaba a surtir efecto. La vigilancia exhaustiva comenzó entonces a desviar el tráfico de inmigrantes hasta el litoral valenciano.
Sólo en el último mes han llegado 23 inmigrantes en cuatro pateras. Según datos de la Conselleria de Inmigración, este número alcanza los 190 en los últimos dos años.