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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

La Safor

26.07.09 -

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Si desde la perspectiva demográfico la expulsión de los moriscos supuso la desaparición de todo un pueblo, en la cuerda psicológica nos quedan -vibrando- la nostalgia y el agrio sabor de boca de haber perdido algo totalmente nuestro, una riqueza étnica y cultural, fruto de una asimilación de siglos y sincretismo de las de las tradiciones musulmana y cristiana.
Dicen que en muchas iglesias se entonó el tedeum, en fechas cercanas al embarque de moriscos. Quizás debiera haberse escuchado el Réquiem...
Han quedado huellas -es cierto-, materiales unas, culturales y sentimentales otras. Entre las puramente materiales habría que mencionar poblados, asolados para siempre, de los que restan sólo en pie paredes que recuerdan geométricamente su ubicación, como el de l'Atzúvia (Alcalà de la Jovada). No hace aún mucho quedaban identificados y al descubierto cimientos del poblado morisco de Cais (en Villalonga).
Aparte de la impronta de abancalamientos que suben escalonados hasta las mismas cumbres, en zonas montañosas, como las del norte de la provincia de Alicante, llama la atención la presencia de obras arquitectónicas, como la escalera que bajando desde Fleix (en La Vall de Laguar) da acceso al Barranc de l'Infern a través de 1.750 escalones de piedra. ¡Obra de moros...!
La arqueología va desenterrando de cuando en cuando restos etnológicos (estores, alfombras, tejidos; cerámica, estucos, orfebrería...) que se adjudican al período propiamente «morisco». Y a nivel cultural chisporrotea todavía el rescoldo de su vistoso folklore, de sus danzas y de su música o de su cocina práctica, con múltiples recetas en uso todavía, particularmente en repostería.
De su lengua de «algarabía» se mantienen únicamente algunos textos «aljamiados», pero hay páginas de nuestra literatura impregnadas de esencia morisca.
La llamada «novela morisca» constituye ejemplo patente. Todos recordamos la obra anónima 'Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa' (1565), secundada por la 'Historia de los bandos de Zegríes y Abencerrajes', de Ginés Pérez de Hita; por no hablar de la influencia que esa difícil convivencia entre moriscos (cristianos nuevos) y cristianos viejos ejercería luego en autores como Lope de Vega, Nicolás Fernández de Moratín, Chateaubriand, Washington Irving, Martínez de la Rosa, Zorilla.
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