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Los últimos choques aéreos provocan un retroceso en el tratamiento de los pacientes con fobia a coger un avión tratados por psicólogos de la Jaume I
19.07.09 -

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Los accidentes disparan el miedo a volar
VUELOS. Imagen de un avión Airbus A310, el mismo modelo que se estrelló en junio. / LP
Quién no tiene un hermano, un amigo, o peor, un marido, a quien hay que mentalizar durante semanas para preparar las vacaciones. Y no es que les dé pereza abandonar la oficina. Es que, sencillamente, tienen miedo a volar. Este temor cotidiano, extendido entre buena parte de la población, se convierte en un verdadero problema para el 10 por ciento de los ciudadanos que, según varios estudios, padecen «fobia a volar».
La fobia a volar va mucho más allá de la típica inquietud o malestar que invade a muchos de los que suben a un avión. Esa patología condena a quienes la sobrellevan a no poder despegar. Si lo intentan, les atacan las palpitaciones, la ansiedad y un nerviosismo incontrolado que se retroalimenta con pensamientos catastróficos y supersticiosos, que tienen como elemento central el temor a morir en el aire.
La Universitat Jaume I, en colaboración con la de Universitat de València y la de les Illes Balears, ha puesto en marcha un grupo de investigación que trata de «curar» a los ciudadanos con miedo a volar mediante un complejo programa de realidad virtual que recrea con gran exactitud cómo es un vuelo. Los pacientes, acompañados por sus terapeutas y a través de un ordenador, preparan sus maletas, acuden al aeropuerto, esperan la llamada de su vuelo, cruzan la pasarela, y se sientan en el avión. El aparato comienza a moverse, despega, e incluso se agita por las turbulencias.
«Los pacientes sienten a través de la realidad virtual las mismas sensaciones que en un vuelo, e incluso en muchas ocasiones quieren abandonar la sala», explica Juani Beltrán, una de las terapeutas que trabaja en el proyecto. Poco a poco, y tras una media de seis sesiones, el 90 por ciento de quienes participan en el proyecto se curan, y son capaces de poner el broche final al tratamiento viajando. O al menos así era antes.
Estos datos esperanzadores se truncaron el año pasado, cuando el accidente registrado en la terminal de Barajas y que se saldó con 153 muertos desestabilizó a los pacientes, lo que provocó a su vez que las tasas de éxito del tratamiento descendiesen al 80 por ciento. Pero no sólo eso.
Según relata Juani Beltrán, a raíz de este accidente aéreo también aumentó el miedo de la población en general a volar, y la situación fue especialmente problemática para quienes se encontraban en el límite entre la «normalidad» y la fobia patológica. Los accidentes acontecidos en los últimos meses, obviamente, tampoco han ayudado a relanzar las cifras de éxito del tratamiento.
Según relata Beltrán, el mes pasado, la desaparición en medio del Pacífico de un Airbus con 228 personas a bordo provocó retrasos en la evolución de los pacientes atendidos por el grupo de la UJI. En ese momento se estaban tratando cinco personas, una de las cuales estaba en la última parte del proceso y solamente tenía que coger el avión para recibir el alta. El impacto que provocó en su mente ese accidente fue de tal magnitud, que finalmente no pudo vencer el miedo, y fracasó.
La mayoría de sus compañeros, además, tendrán que alargar el tratamiento en dos o tres sesiones para evitar quedarse en el camino. Y mucho más después de que, solo un mes después, otro avión de Air France se precipitase al océano Índico.
Alrededor de 65 personas han sido atendidas en el marco de este proyecto de investigación, y la mayoría de ellas, después de un tratamiento que tiene un coste de 90 euros, ha podido coger un avión. En la UJI, un grupo de cuatro terapeutas dirigidos por la catedrática de Psicología Clínica Cristina Botella atiende a gente de todas las edades, profesiones y perfiles. Quizás este año algunos de esos pacientes celebren su éxito con unas vacaciones diferentes.
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