«No son ellos. Podemos pensar que son nuestros hijos, nuestros hermanos o amigos. Pero no lo son. Son como muertos vivientes. Les controla la droga. Tienes que ser valiente y asumirlo o acabarás loca o muerta». Estas palabras retumban en la mente de Lola, madre de un toxicómano. Se las dijo un psicólogo para que comprendiera que estaba en peligro y se vio reflejada cuando vio en las noticias que un drogadicto había matado a su hermano.
El crimen, registrado la semana pasada en Benetússer, es el último de una larga lista. Una decena de personas han muerto asesinadas por toxicómanos en los últimos tres años en la Comunitat Valenciana.
Juan Manuel quería aliviar a sus padres de un peso: el de su hermano adicto a las drogas. Lo acogió en su casa de Benetússer, donde residieron unos pocos meses en régimen de alquiler. «Son mayores y así ellos están más tranquilos», confesó a su casero. Días después, le dijo que a su hermano «se le iba la cabeza». No se equivocaba. El jueves 2 de julio discutió con el joven toxicómano. Fue una pelea absurda, durante el desayuno, motivada por algo tan simple como un vaso de leche. El agresor empuñó un cuchillo y se lo clavó diez veces a su hermano. «La que me has montado por un vaso de leche», repetía el homicida mientras su hermano yacía con heridas mortales en el suelo de una terraza.
Según los últimos datos de la Conselleria de Sanidad, el consumo de cocaína y hachís se ha agudizado en la Comunitat Valenciana. En 2006 los clientes de la coca suponían un 5,9% de la población y, dos años después, la cifra alcanzó el 7%.
Precisamente un cóctel de coca y alcohol flotaba en la mente de Miguel Ángel G. B. cuando hundió un cuchillo en el pecho y en el cuello de un taxista. El crimen se produjo en Aldaia. No hubo discusión previa.
El homicida, de 25 años, acababa de salir de la cárcel tras cumplir condena por robo. Junto con su hermano y otros amigos estuvieron de fiesta en Xirivella. A mediados de junio, la Audiencia de Valencia le declaró culpable de asesinato.
«Al final te das cuenta de que vale la pena que las drogas se legalicen. Así los que están matando a nuestros hijos no se enriquecerían a costa de su salud», concluye el padre de otro joven adicto a las drogas.
Asesinato en Pedreguer
El 16 de marzo de 2007 un crimen atroz conmocionó a los vecinos de Pedreguer. Un grupo de cuatro drogadictos quemaron con gasolina a Peter, un ciudadano estadounidense, para robarle 4.000 euros de su cuenta. La víctima había heredado una importante cantidad de dinero tras la muerte de su padre.
Según los últimos datos de Sanidad, los jóvenes valencianos empiezan a tomar cocaína y heroína a partir de los 20 años. Los expertos en drogodependencia consideran que el 'caballo' y la 'farlopa' son las sustancias más adictivas, las que generan más violencia en el toxicómano cuando encuentra dificultades para tomar su dosis.
Durante el síndrome de abstinencia de la heroína, aseguran, «se sufren sudores, temblores, dolores óseos, taquicardia, ansiedad, agitación psicomotriz, irritabilidad, insomnio y escalofríos», entre otros males. La depresión es también un síntoma del mono. A veces es tan intensa que los que la atraviesan están convencidos de que van a morir.
El pasado 5 de febrero, un hombre de 42 años perdió la vida después de ser golpeado y pateado en la cabeza por un toxicómano. El presunto autor fue detenido por la Policía Nacional, después de una corta persecución.
A mediados de abril de este año, otro crimen cometido por un drogadicto cocainómano sacudió el barrio valenciano de Campanar. La víctima fue Manuel Toledo, un jubilado del barrio a cuya casa solía acudir el presunto homicida. Después de asestarle varias puñaladas, regresó dos veces a la escena del crimen para recuperar sus pertenencias, ya que olvidó una mochila y su documentación.
Pese a estos datos y a los recientes homicidios vinculados al consumo de droga, sólo un 7,1% de los consumidores de la Comunitat creen que tomar estupefacientes influye en la comisión de delitos.