Observar, detectar y actuar. Ángela Serrano, investigadora del Reina Sofía, cree que esta es la clave para frenar la violencia en clase. Pero no sólo para eso. «También para descubrir desde las aulas problemas graves en la familia que de otro modo no podrían salir a la luz, como por ejemplo malos tratos en la pareja, algo para lo que aún no existe un protocolo», según destacó la especialista.
Recientemente, una niña de un colegio valenciano llegó a clase con un moretón en el brazo. «Me he caído», explicó a los profesores cuando le preguntaron. Atentos, los docentes le pidieron que hiciera un dibujo de su familia.
Su pequeña mano comenzó a trazar una imagen espeluznante y reveladora. Ella y su hermana estaban apartados de sus padres. Papá cogía a mamá por la cola del pelo y ella sangraba a chorros.
Inmediatamente, los profesores alertaron a un asistente social para que se hiciera cargo de lo que podría ser un caso de violencia de pareja.
Se propuso citar a la madre, una alta ejecutiva, y mostrarle el dibujo que había hecho su hija. «La mujer aseguró que se trataba de una niña muy fantasiosa y aseguró que en su casa no había ningún tipo de violencia».
Los profesores no tiraron la toalla. El siguiente paso fue volver a hablar con la menor para analizar su dibujo y que ella misma explicara los detalles. Fue entonces cuando salió a la luz una explicación muy distinta a la de la caída: «En casa hay que quedarse quieto para que no te hagan moretones», aseguró la niña a los docentes.