ZIGOR ALDAMA SHANGHAI
Pocos vehículos representan el sueño del conductor masculino medio en Estados Unidos mejor que los de Hummer. Son lo más cercano a los Humvee del Ejército que patrullan las carreteras de Irak. Grandes, altos, robustos como un tanque, y también caros y costosos de mantener. Tanto que, consecuencia de la crisis que se ha cebado en el sector automovilístico del mundo desarrollado y que ha provocado un vuelco en las preferencias de los consumidores, las ventas de esta marca perteneciente al conglomerado de General Motors, actualmente en quiebra, se desplomaron el año pasado hasta un 54%, la mayor caída del sector. El batacazo fue tal que publicaciones especializadas daban por hecha la muerte de Hummer.
Hasta que llego Sichuan Tengzhong Maquinaria Industrial Pesada, un productor casi desconocido incluso en China, y se interesó por la compañía. Muchos se quedaron con los ojos como platos, pero el gigante de la automoción no se lo pensó mucho. «Hummer tiene la técnica y la experiencia, ahora lo que necesita es liquidez», sentenció su consejero delegado, Jim Taylor, en declaraciones al diario oficial 'China Daily'.
Y dinero es, exactamente, lo que parece que le sobra al Gran Dragón. Aunque no se ha hecho público todavía, todas las fuentes apuntan a un desembolso de unos 370 millones de euros por Hummer en un acuerdo que Taylor espera consumado a finales del tercer trimestre de este año. «Es una unión perfecta: Tengzhong se introduce en el sector de vehículos ligeros y General Motors saca Hummer de sus libros de cuentas».
El binomio Hummer-Tengzhong no es único. China ha sacado la chequera y ha salido de paseo por el mundo en busca de las gangas que ofrece la actual crisis global. Por lo visto, Volvo es una de ellas y, después de mucha incertidumbre, parece que será Geely Automotive la que se haga con ella después de haber adquirido por unos 35 millones de euros Drivetrain Systems International, el segundo mayor proveedor de transmisores para la industria y también en quiebra.
No se sabe cuánto pagará Geely a Ford por la marca sueca, que a la estadounidense le costó 6.490 millones de dólares (4.630 millones de euros), pero se estima que el precio final rondará los 3.000 millones de euros. Lo que supone una considerable rebaja del 30%.
Esta ofensiva a la caza de empresas extranjeras no es nueva. Y el sector de automoción es el que más lo está sintiendo, ya en 2004 SAIC entró a sangre y fuego en la surcoreana Ssangyong con la compra por 522 millones de dólares (370 millones de euros) del 48,9% de la compañía. Le siguió al año siguiente la adquisición de la británica MG Rover por Nanjing Automotive, que desembolsó 97 millones de dólares (70 mill. Euros).
Sin embargo, la ambición china va mucho más allá de las cuatro ruedas, y está centrada en el sector energético. Así lo ha demostrado la compra por 1.000 millones de dólares del 45,5% de Singapore Petroleum Company (SPC) por PetroChina, actualmente la mayor empresa del mundo por valor bursátil, y la primera que supera el billón de dólares en esa categoría.
Pero toda moneda tiene su cruz, y China la ha encontrado en la fallida fusión entre las metalúrgicas Chinalco y la australiana Rio Tinto, que se presentaba desde hace cinco meses como la mayor operación de este tipo realizada jamás por una firma china, con una factura de 13.500 millones de euros.
El fracaso, debido en gran parte al los temores que siempre provoca el desembarco chino en un sector estratégico, ha despertado los fantasmas de la también fallida compra de la estadounidense Unocal por parte de la petrolera CNOOC en 2005, que sufrió el veto político de Washington. Pekín pagó con la misma moneda a Coca Cola al impedirle la compra del productor chino de zumos Huiyuan.
En cualquier caso, estos ejemplos son sólo la punta del iceberg, que esconde miles de acuerdos de menor tamaño que se hacen patentes cuando se tiene en cuenta el total de la inversión extranjera directa de China en el mundo. En 1998, sólo suponía 100 millones de euros. Este año, diferentes analistas estiman que la suma puede dispararse a los 40.000 millones. Es menos de la mitad de la IED que recibe el gigante asiático, pero supone un salto de gigante.
Todo apunta, además, a que China no se va a centrar únicamente en la adquisición de grandes nombres. Buen ejemplo ha sido la toma de control de la cántabra Plastidon, dedicada a la fabricación de menaje de limpieza del hogar, por la china Verdeboos, un acuerdo que se cerró el pasado lunes y con el cual la empresa española espera adquirir mayor dimensión.
Para empezar, la plantilla ha vivido un aumento del 50%. Sin duda es sólo una pequeña gota en un océano cuya magnitud continuará creciendo incluso cuando haya pasado el chaparrón económico.