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Vida y Ocio

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El diseñador valenciano instalará su tienda en la calle de la Paz tras 12 años junto al Palacio de Dos Aguas
21.06.09 -

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Enrique Lodares, de mudanza
DE CERCA. Enrique Lodares. /LP
Esta conversación, en una tranquila sobremesa, nos acerca al universo particular de uno de nuestros referentes de la moda, profesor y creador todo en uno, autor de magníficos desfiles por cuenta propia, investigador minucioso, perfeccionista constante. Enrique Lodares se dispone a iniciar una nueva etapa. Cerrará su preciosa tienda vecina al Palacio del Marqués de Dos Aguas, a fines de julio, para trasladarse a la contigua calle de la Paz, en un anchuroso primer piso del número 11, con mayor superficie y más adecuado al cariz de su profesión.
«Cuando abrí la tienda, dice, hace 12 años, en esta zona sólo estaba Loewe y al otro extremo, la joyería de Antonio Romero. Después fueron vinieron firmas importantes, hasta configurar la llamada «milla de oro». Pero ahora me inclino hacia un lugar idóneo para lo mío, la costura personalizada. Me resisto a decir alta costura proque el término actualmente se aplica maly a destiempo. Pero en realidad es así, ya que a esa clasificación corresponde mi selección de tejidos exquisitos y todo el proceso de elaboración. Necesito un gran equipo detrás, porque yo no se coser, pero se lo que quiero y lo demando. Mis diseños se realizan al pie de la letra, es decir, de mi dibujo, de mi idea», asegura
En su nueva sede habrá un inmenso salón central, presidido por la soberbia lámpara que ahora cuelga en el hall de su tienda; habrá amplios probadores, buen espacio para el taller y, por supuesto, la decoración singular que Londres lleva a cabo por sí mismo, con pinturas propias y rasgos personalísimos que hasta en los escaparates han venido atrayendo la atención, incluso de renombrados artistas. «Seguiré haciendo, promete, y comprando sombreros, y ofreciendo todo tipo de complementos. Yo estudio y proporciono cada detalle: peluquero, zapatero, maquillaje... Son muchas horas de trabajo y, a veces, ni aún así se alcanza la perfección. Lo ideal para mí sería un edificio entero, compartido con amigos profesionales compenetrados, de manera que la mujer entrara allí y saliera vestida, calzada, peinada, maquillada y con los accesorios apropiados. Ya se que es una quimera, pero muy hermosa», sostiene.
Esconderse tras la ropa
¿Existe una mujer Lodares? «Hoy en día, responde, sí que hay muchas con las que me siento identificado. No un tipo definido, sino la mujer que tiene ideas muy claras y que me elige conscientemente. En Valencia prefiero una mujer vestida discretamente pero segura de sí misma, no un traje espectacular sobre una mujer insegura. La ropa no funciona cuando sirve para esconderse tras ella», asevera.
«La moda sigue mirándose mucho al ombligo, prosigue. ¿Los 60, los 70, los 80?... por ejemplo, ahora, el presunto retorno de las hombreras, ¡qué horror! Debe haber una evolución, pero siempre he dicho que provendrá del textil, no de la forma de ejecutar los trajes. A lo mejor, merced a una revolución industrial, llega un momento en que se pueda unir un encaje a otro tejido diferente sin necesidad de 70.000 puntadas laboriosas», apunta.
Sus amigos llaman a Enrique Lodares el doctor House de la moda, proque trata a las mujeres que a él acuden sin contemplaciones. Educadamente, pero con rigor, no cede jamás a las peticiones de una clienta, si les considera equivocadas. «Llevo 32 años haciendo colecciones, recuerda, y reconozco que soy intransigente. Pero si una mujer viene a un modisto es por que busca algo diferente, exclusivo, y yo se lo hago saber, lo mismo que si pretende algo que no le va en absoluto. No me importa, porque detrás de esa aspereza está mi deseo de que esa mujer esté maravillosa, y quiero conseguirlo, y disfrutar con ello desde el primer momento en que empiezo a dibujar. Lo bueno es que luego me llaman diciendo: ¡fantástico, ideal! 'menos mal que te hice caso!»... Son compensaciones muy gratas. Pese a los momentos duros, éste es un trabajo muy agradecido y satisfactorio, aunque a veces he de transformarme incluso en psicoanalista para hacer un vestido. Por último, revela que en más de una ocasión le han incitado a abandonar nuestra ciudad, en pos de más altos vuelos. Se niega: «En Valencia me siento feliz y, además, aquí, actualmente hay gente que quiere y sabe vestirse bien, tanto como en París o en Nueva York. Que conste».
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