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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Los afluentes medios del Júcar le aportan cloroformo y níquel mientras que el río Belcaire contiene plomo y mercurio

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Los análisis hallan pesticidas, herbicidas e insecticidas en el azud que da de beber a Valencia
AGUA TURBIA. El Turia tras pasar por la presa. DAMIÁN TORRES
El examen al que la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) ha sometido a sus ríos para preparar el nuevo plan hidrológico de la cuenca, revela que, en general, la salud química de los ríos no es excesivamente grave, aunque esto no es consuelo para aquellos que necesariamente se abastecen de unas aguas cuyo estado químico es malo.
El azud de Manises, la «presa» del Turia en el término de esta localidad valenciana, de donde se toma buena parte del agua de la que se abastece Valencia y su área metropolitana, aparece en el estudio como el punto que dispone de mayor cantidad de elementos contaminantes: pesticidas, herbicidas e insecticidas.
La analítica ha descubierto que en el azud de Manises hay «alacloro, clorpirifos y atrazina». El primero es un herbicida muy tóxico para los organismos acuáticos. Si los humanos padecen una exposición prolongada a este producto químico pueden sufrir desde alergias a náuseas, pasando por vómitos, afección pulmonar, riesgo de alteraciones hepáticas y, a largo plazo, «posibilidad de efectos cancerígenos». Esta advertencia se lee en uno de los productos contra las malas hierbas que contiene este elemento.
El Ministerio de Medio Ambiente califica los clorpirifos como un pesticida que causa «la paralización de los impulsos nerviosos en el ser humano, llegando a producir la muerte». La atrazina la define como un herbicida artificial que es «peligroso para el medio ambiente y muy tóxico para los organismos acuáticos».
También están afectados por presencia de elementos químicos no deseados el río Veo con clopirifos; el río Belcaire con plomo y mercurio; la rambla del Poyo, en la cabecera del barranco Cavalls, con níquel; y níquel también en el río Monegre, en la cabacera del embalse de Tibi.
La analítica ha detectado presencia de níquel en el río Albaida, en la cabecera del embalse de Bellús; el Barcheta contiene clorpirifos; la rambla Casella, que desemboca en el Barcheta, posee cloroformo; y en el río Verde, a la altura de Alzira, y en el Magro, entre Carlet y Algemesí, han encontrado hexlaclorociclo hexano, una sustancia que antiguamente se usaba como insecticida. El Ministerio de medio Ambiente asegura que su toxicidad «ha sido comprobada y su uso se encuentra estrictamente limitado en la Unión Europea».
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