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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

C. de Morvedre

Morvedre

Un grupo de octogenarios de la residencia Nuestra Señora del Carmen de Sagunto presenta un cortometraje para demostrar que los sueños se cumplen a cualquier edad
17.06.09 -

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De rodaje a los 80 años
EL REPARTO, EN EL CASTILLO. Director, intérpretes y cámaras, tras la grabación de una escena en la acrópolis saguntina. /LP
No recibirán un Óscar honorífico ni pisarán la alfombra roja en la ceremonia de los premios de la Academia, pero su aventura cinematográfica ya les ha otorgado un magnífico premio: demostrar que los sueños se pueden cumplir a cualquier edad.
Un grupo de veteranos amigos de la Residencia de Nuestra Señora del Carmen de Sagunto, la mayoría octogenarios, ha decidido jubilar la soledad y el aburrimiento para lanzarse a una aventura de cine: el rodaje de un corto titulado La Muñeca.
Por exigencias del guión de la vida muchas personas mayores no han podido realizar sus sueños o «hacer cosas interesantes y cuando llegan a viejos se les dice que no pueden hacer nada, pero eso no es cierto: A la vista está que pueden lograr cualquier cosa que se propongan», explica Cirilo San Miguel, director y guionista del corto. Con 83 primaveras a sus espaldas, este particular Hitchcock oriundo de Buenos Aires pero afincado en Sagunto ha plasmado a través del objetivo de la cámara la ilusión de 30 mayores por hacer algo diferente y valioso.
«Yo soy joven, aunque ya no puedo subir al Everest», puntualiza entre risas, «y como yo, hay muchos compañeros en el asilo que pueden luchar por proyectos así. Por eso, lo que queremos es enviar este mensaje y mostrar el camino a otras personas».
La muñeca es «un poema o cuento surrealista filmado, un relato de personas un poco estrafalarias que muestra también la ciudad de Sagunto». Ver la cinta es, por tanto, una manera distinta «de hacer turismo por la ciudad».
El debú de todos los intérpretes, ninguno de ellos profesionales, araña el corazón del espectador con una historia conmovedora y «algo melancólica», subraya Cirilo. Su compañero de batallas cinematográficas, Bernardo Carrió, explica cómo un grupo de la tercera edad acaba rodando un corto y preparando una nueva película.
«Ha sido estupendo. Hemos hecho tomas, ensayos, teníamos servicio de maquillaje, equipo de atrezzo, de todo. La banda sonora la compusieron en Vila-real y ha colaborado gente de Valencia y de Castellón. Hacemos un programa de radio y se pensó en rodar una película. ¿Y por qué no?».
Bernardo ha sido el artífice del entramado técnico y audiovisual. «Se ha grabado la obra con cuatro cámaras. Los Osos Pardos, como así se llama el equipo, ha trabajado duro», destaca.
Todos cojos al Teatro
Y como en todo rodaje hay anécdotas y curiosidades, ahí va una: «Lo más divertido es cuando tuvimos que subir hasta el Teatro Romano y llevarlos a todos, que la mayoría están cojos. Sólo querían sentarse en un banco a descansar y preguntaban cuánto faltaba. Pero lo consiguieron», relata Bernardo. El trabajo se presentará en varios encuentros como el Festival de Cortos de Valladolid, aunque en unos días estará en la televisión digital del Ayuntamiento. Querer es poder y hacer cine no iba a ser una excepción.
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