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RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 28 mayo 2012

Vida y Ocio

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Toda la uva Bobal no es apta para caldos de alta gama, pero es factible obtener productos suaves, afrutados e imbatibles por precio
14.06.09 -

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Los elaboradores quieren definir un vino estándar de calidad y a tres euros la botella
Un viticultor poda en verde.
«No hay dos 'bobales' que sean iguales, hasta en un mismo viñedo pueden diferenciarse las uvas de una cepa a otra», asegura Félix Martínez. Diego Fernández y Pedro Cárcel puntualizan que eso es el resultado de muchos factores: las diversas clases de terrenos y que, después de muchas décadas de prevalecer la cantidad sobre la calidad, lo que hay es un batiburrillo de clones, es decir, muchos hijos de los padres originales, y, por consiguiente, diferentes unos de otros.
Este es un problema añadido para quienes están empeñados en la calidad total, porque han de buscar más y desechar más, mientras se redoblan esfuerzos por reproducir los clones más apropiados. Pero esto mismo supone cierta contradicción, porque entonces tenemos cepas nuevas, y la mejor calidad sale de las viejas. Un embrollo.
Entre tanto, qué se hace con la producción de Bobal que no merece el destino de unos vinos de alta gama. ¿Es que es mala? Nada de eso. Estamos hablando de la buena uva de calidad estándar, y encima es la mayoritaria en la comarca. ¿Deberá resignarse a abastecer los graneles de ahora, lo que deriva en precios bajísimos y en excedentes?
Digno y de diario
Los jóvenes enólogos de Utiel-Requena que más se están distinguiendo en el mercado plantean la necesidad de «ponernos de acuerdo entre todos para definir las características de un vino Bobal digno y genérico que pueda salir al mercado a tres euros la botella». Ellos mismos también tienen ciertas cantidades de producción que no merecen siempre estar en la primera línea, y no por eso deben perderse en el anonimato. Como también es verdad que no todos los consumidores pueden o quieren comprar un vino caro cada día, pero sí que pueden consumir un poco de vino digno y económico a diario. Pues hay que proporcionárselo.
La idea es «que pensemos entre todos qué queremos y qué podemos hacer para satisfacer a ese cliente potencial», indica Diego, y Félix apostilla que «los vinos económicos que más han triunfado en el mundo resulta que están más pensados que los otros, los caros». Fernando y Víctor ponen el ejemplo del Lambrusco italiano. Gonzalo bromea con que «es hora de sacar lo mejor de nosotros, en ese plan de 'químicos' como nos llaman los viticultores más mayores, casi como si fuéramos alquimistas», y Toni advierte de que «todo el sector tiene un gran reto para realizar esta tipificación necesaria, que además demanda el mercado».
Pero hay otra cuestión vital en la comarca, en relación con la vid, que preocupa a los enólogos. La falta de rentabilidad obliga a abandonar bastantes viñas. La imagen de una sucesión ininterrumpida de vides ya se ve truncada constantemente al ir por cualquier carretera o camino. El paisaje se ensombrece con fincas llenas de hierbajos, los sarmientos sin podar y con pámpanos brotados a destiempo.
Esto inquieta mucho a los jóvenes enólogos, porque saben que la venta de sus vinos depende también de lo atractivo que resulte el lugar para que lleguen compradores, y están pensando tanto en clientes de Valencia como de Madrid. Pero reconocen que el viticultor «ha sido machacado», hasta perseguido por los inspectores de trabajo durante las vendimias. «Por eso lo dejan».
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