Las inmobiliarias han pasado del cielo al infierno en un abrir y cerrar de ojos. «Hace poco más de un año, nos quitaban los pisos de las manos y ahora vender uno no se sabe cuánto tiempo cuesta», confiesa uno de los vendedores de una céntrica agencia inmobiliaria de la ciudad de Castellón.
Y es que las inmobiliarias luchan contra dos grandes gigantes-molinos de viento: la reticencia de los potenciales compradores a meterse en una hipoteca por el miedo a perder el trabajo y la competencia de los bancos, «que se han convertido en la mayor inmobiliaria de España», explican las mismas fuentes.
«Si quieres cerrar alguna venta tienes que tener el piso ideal para el cliente perfecto, porque si tiene alguna duda cuando va al banco a negociar la hipoteca puede acabar comprando uno de los pisos en stock que le oferta la entidad financiera», lamenta.
Las ofertas tampoco sirven como gancho porque chocan muchas veces con la falta de financiación. «Tenemos un piso de nueva construcción en Castellón con tres habitaciones por 177.000 euros, un precio un 20% inferior al de hace dos años, pero el problema es la financiación», subrayan en la inmobiliaria.
Y en obra nueva aún hay algo de movimiento, «porque el mercado de segunda mano no existe». El problema que se está encontrando mucha es que compró cuando el sector de la construcción crecía como la espuma y los precios estaban por las nubes «y ahora no pueden vender a bajo coste, porque para eso se lo queda el banco», añaden.
El presidente del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria, José Comes, ya ha vaticinado que «hasta que los bancos no vean la luz, no saldremos de la crisis». Comes lamentó las dificultades de financiación con las que están topando los compradores y que están dinamitando las transacciones inmobiliarias. «Y a eso se le añade el miedo a perder el trabajo», puntualizó.