Cuando Pilar Moya y su esposo decidieron alquilar su chalé de Godelleta no podían imaginar «tanta mala suerte con los inquilinos». Hace unos días, una llamada nocturna de la Policía Nacional les dejó atónitos y «con el miedo en el cuerpo». «Hemos registrado su chalé y detenido a sus inquilinos. Fabricaban billetes falsos», dijo la voz de un agente al otro lado del teléfono.
La mujer, vecina de Valencia, puso por primera vez el chalé en alquiler a principios de año. Como tantos otros propietarios, confiaron en internet. Y fue así como contactaron con los interesados, una pareja sin hijos de unos 30 años de edad y vecinos de Torrefiel. Pilar prefiere no decir sus nombres ni la cantidad que pagaban de alquiler. «Es por seguridad», apunta.
«Nos dijeron que ella necesitaba reposo y un lugar tranquilo para poder quedarse embarazada y todo parecía normal», recuerda la dueña del inmueble. «Él mencionó que trabajaba en impresión publicitaria de diferentes artículos, como mecheros o abanicos», detalla.
Los presuntos falsificadores se establecieron en marzo en la tranquila vivienda del municipio valenciano. Lo que no sabían los dueños es que acababan de alquilar su chalé a los máximos responsables de una trama de falsificadores de billetes de 20 euros a nivel nacional.
Como explicaron fuentes policiales, «los delincuentes no compartían su secreto con nadie. Ni con sus familiares más directos ni con sus colaboradores». La discreción era una herramienta más de trabajo. También las máquinas de impresión que, poco a poco, fueron repartiendo por diferentes puntos de la vivienda para hacer copias de billetes «de gran calidad y cada vez mejores», como destacaron los agentes.
«Parecían personas normales y educadas. Por suerte, a nosotros nos pagaron con billetes de 50 euros verdaderos», asegura la dueña del chalé. En el cobro del alquiler del mes de marzo no hubo ningún problema. «En el de abril, se retrasaron. Nosotros nos quejamos y nos dijeron que estaban esperando un dinero que les debían para poder pagarnos».
Después fueron puntuales en su compromiso con los propietarios. Los delincuentes querían un chalé tranquilo y alejado de la vecendidad para evitar testigos de su actividad ilegal y que nadie hiciera preguntas cuando las impresoras comenzaran a hacer ruido. «Nos llamaron para que pusiéramos cortinas en un ventanal del chalé. Ella argumentó que le daba miedo que le vieran desde fuera cuando su pareja se iba a trabajar a Valencia y se quedaba sola en casa», recuerda Pilar.
La Policía Nacional, que ya seguía la pista a los sospechosos, decidió intervenir antes de que pusieran en circulación unos 385.000 euros en billetes de 20 falsos por toda España. Ese era el potencial del taller clandestino, a juzgar por el material intervenido. Al menos 185.000 ya estaban impresos y listos para intentar colarlos en tiendas. El destino del dinero de imitación era Valencia y Madrid.
Cuando se produjo el arresto de la pareja, Pilar y su esposo regresaron a su chalé y lo encontraron «un poco revuelto por el registro de la policía». Poco después de la intervención, los hermanos del falsificador se presentaron en la vivienda para recoger algunos objetos personales de los sospechosos. «Esto es increíble», lamentó uno de los familiares al saber que habían montado un taller para falsificar billetes.
Ahora los propietarios del chalé desean pasar página tras el mal trago y han vuelto a poner en alquiler la vivienda. Sólo esperan que los nuevos inquilinos «sean personas decentes».