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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Los Ayuntamientos multiplican en un año las solicitudes de ayudas para comprar víveres ypagar gastos como el agua y la luz

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La pobreza obliga a abrir comedores sociales como tras la guerra civil
INCREMENTO. Comedor de la Casa de la Caridad de Valencia, donde las raciones repartidas a diario prácticamente se han triplicado en un año. /LP
«No había vivido jamás una situación así. Esto es casi como en la posguerra.» Vicente Ibor, alcalde de Paiporta, se muestra compungido por la actual coyuntura económica. La primera autoridad afirma que todos los días recibe en su despacho a vecinos desesperados porque no tienen, ni tan siquiera, para comer. Este Ayuntamiento no es una excepción. El aumento desmesurado de la petición de ayudas ha llevado a los municipios a abrir comedores sociales.
Y como señala Vicente Ibor, la situación empieza a ser como después de la guerra civil. El perfil del necesitado ya no se limita a los inmigrantes o miembros de las clases tradicionalmente más desfavorecidas. Padres o madres de familia piden ayuda al banco para que les retrase el cobro de la hipoteca. Después reclaman el apoyo del Consistorio de turno para asumir ese recibo, junto al de la luz y el agua. Finalmente van al propio Ayuntamiento o a las asociaciones en busca de lotes de comida.
Iván está apoyado en una pared. Sus ojos verdes denotan tristeza, su rostro, seriedad y preocupación. A sus 28 años, la vida no le sonríe, al menos en el aspecto económico. «Tengo tres hijos y una hipoteca por pagar, pero no encuentro trabajo desde hace doce meses».
El joven ha acudido a Cáritas de Llíria, donde los jueves se reparte comida. El Ayuntamiento ha ido incrementando la financiación conforme la crisis se ha hecho más acuciante. Actualmente, aporta fondos para alimentar a 120 familias. Iván detalla su situación, que es dramática: «He hecho lo que salía, pero ahora no encuentro de nada». Su único sustento son los 400 euros del subsidio por desempleo, insuficientes para afrontar 750 euros de hipoteca. Y ese pequeño colchón se le acaba este mismo mes.
El de Iván es un caso más de los muchos que han desbordado a las asociaciones benéficas. Ante este panorama, los municipios que no han abierto ya un comedor social, piensan hacerlo en los próximos meses. Por ejemplo, en Bétera, el alcalde, José Manuel Aloy, afirma que por el momento tienen controlada la situación, pero añade: «Por si fuera necesario, contamos con la Casa Nebot rehabilitada para una residencia. Sólo tendríamos que llevar mesas y sillas, y contratar un catering».
El alcalde de Llíria, Manuel Izquierdo, comenta que el número de familias que solicitan un lote de alimentos no deja de incrementarse. Si esta tendencia no varía, el Ayuntamiento abrirá un comedor. La situación es similar en La Pobla de Vallbona, donde ya se han ideado unos cheques para canjearlos en algunas tiendas locales.
No es una medida exclusiva de Camp de Túria ni de los municipios medianos. Catadau, Alfarp y Llombai, pueblos colindantes de la Ribera, tienen una mancomunidad mediante la que impulsan numerosas iniciativas sociales conjuntas. Una de ellas es la de conceder vales de comida para canjearlos en las tiendas locales.
Asociaciones benéficas
Y prácticamente en todos los municipios existe la figura de Cáritas y otras organizaciones, que ofrecen alimentos y enseres de primera necesidad. Estas medidas son la antesala del comedor social. Los Ayuntamientos, al igual que Bétera, ya idean el plan B por si la crisis se prolonga en el tiempo.
En Paiporta ya no existe el por si acaso. El comedor social abrirá tres veces por semana después del verano. El alcalde señaló que no se contratará a ninguna empresa de catering: «Ese dinero se seguirá destinando a ayudas directas. La gente no tiene ingresos, pero con el paro lo que sobra es el tiempo libre, así que echaremos mano de los voluntarios».
El Ayuntamiento comprará, con el respaldo de la Generalitat, un millón de kilos de comida, principalmente arroz y aceite. La renta per cápita fijada por la Conselleria de Bienestar Social para acceder a las ayudas oscila en los 4.600 euros anuales.
Los casos de familias que viven por debajo de este umbral se multiplican en todos los municipios. Paterna acaba de aprobar un incremento de 280.000 euros en su partida para ayudas de primera necesidad después de que las solicitudes y las aportaciones se hayan triplicado en el primer trimestre de 2009 con respecto al mismo periodo del año anterior.
Torrent ha creado una comisión para impulsar iniciativas, entre ellas crear un banco de alimentos. En otras localidades, son los propios vecinos, como en Mislata, y asociaciones (por ejemplo, Cáritas de Gandia) los que piden la creación del comedor social.
En la provincia de Alicante, 30.000 personas se ven obligadas a acudir cada día a las ONG para adquirir comida. Las grandes ciudades también tratan de tomar el toro por los cuernos.
Castellón cuenta desde hace años con el comedor del Padre Ricardo, un párroco dedicado a la obra benéfica. Las solicitudes de alimentos se han duplicado en el último año. En estos meses se han dado casos de gente que solicitan la comida sin cocinar «porque les da vergüenza que alguien pueda verles en esa situación».
Son gente que tenía un trabajo, una hipoteca, coche, igual hasta se iba de vacaciones, y ahora se ven sin recursos, ni siquiera para comer. Valencia negocia con el Banco de Alimentos para que la asociación abra un almacén en la avenida del Cid.
Esta instalación se ubicará junto al primer comedor social que abrirá el propio Ayuntamiento, que en los últimos meses ha destinado casi un millón de euros para comprar comida.
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