Veinticinco años dirigiendo un negocio son para celebrar, más si, como es el caso de Fernando Linde, el negocio que regenta se ha convertido en todo un referente de la cultura y del apoyo a las letras en una ciudad tan falta de iniciativas culturales como es el caso de Alicante.
Fundada en 1984, la librería 80 Mundos, de la que Linde es gerente, recibió ayer, de manos de los libreros del Grup 10 -Llibreries de Qualitat, un galardón honorífico en reconocimiento a los 25 años de trabajo desempeñados. «La asociación de libreros se fundó hace 12 años. Es un grupo de afines que compartimos una manera común de entender el libro y la profesión. Me da rubor que reconozcan mi labor, ya que muchos de ellos llevan más que yo en la profesión pero me llena de orgullo», reconocía ayer Fernado Linde tras el acto de homenaje a 80 Mundos.
Nacido en Granada, Linde y su familia se trasladaron a Elche en 1968. Allí fue donde comenzó su vocación como librero y donde fundó otra de las librerías de referencia de la provincia, Al i Truc. Tras varios años en el negocio, cambió su residencia a Alicante donde en 1984 se embarcó en el proyecto de crear su propia librería en la ciudad.
«Ochenta Mundos es una librería diferente a cualquier otra. El carácter diferenciador que tiene es precisamente una manera de entender la librería como un espacio de agitación cultural que ahora concretamos en el Forum con el que realizamos alrededor de 60 actividades culturales al año. Ese es el hecho diferenciador, el carácter cultural y los contenidos culturales. El libro y la figura del librero debe ir intrínsecamente ligado a la cultura, no es sólo vender libros» explica.
A pesar de que sus estudios de Graduado Social, que realizó estudiando por la noche mientras trabajaba, le auguraban otro camino, los acontecimientos políticos y sociales vividos en su juventud y su vocación de ser útil a la sociedad le hicieron cambiar de rumbo, «En 1977 cuando fundamos Al i Truc, era una época de agitación social, la situación política no estaba clara y las librerías se convertían en centros de canalización», recuerda.
Ahora, tras 25 años de trabajo sólo dice sentir una frustración, «no tener un local más grande».