Desde fuera, el instituto Rascanya-Antonio Cañuelo genera admiración. Su arquitectura es moderna, con espacios diáfanos a nivel del suelo y acabados con materiales nobles. Es más, huele a nuevo. La sensación se mantiene una vez dentro, con grandes cristaleras que permiten una iluminación natural durante gran parte del día, especialmente ahora. Y sin embargo, presenta numerosas deficiencias que rompen el encanto, apenas cuatro años después de su puesta en funcionamiento.
La prueba evidente de esta situación ha sido el desprendimiento de parte del falso techo de uno de los pasillos. Además del revestimiento, cayeron los elementos de sujeción, el material aislante y las conducciones que pasaban por la zona afectada. Por suerte, el incidente se produjo el pasado fin de semana, por lo que no hubo que lamentar daños personales al encontrarse vacío el centro.
Fuentes del instituto explicaron ayer a LAS PROVINCIAS que tras reanudarse las clases el lunes se encontraron con el techo en el suelo, y que después de dar el aviso a la Conselleria de Educación, se desplazaron al centro un grupo de técnicos para evaluar los daños. Es más, se procedió a retirar los falsos techos en otras zonas donde se corría el mismo riesgo.
Desde la Conselleria de Educación apuntaron que los desperfectos se arreglarán «en breve», y destacaron que no existe ningún peligro para el alumnado, que ha podido desarrollar su actividad escolar con normalidad.
Desde la asociación de Madres y Padres (Ampa) explicaron que este es sólo uno de los muchos problemas que sufre el instituto. Uno de los principales es que la Conselleria todavía no es propietaria del centro, es decir, que aún no se ha recepcionado la obra. En la práctica, esto impide que el instituto se dé de alta en servicios como agua y luz, lo que ha obligado a proveerse a través de las tomas que la constructora utilizó durante la ejecución de la obra. Desde el departamento que dirige Alejandro Font de Mora matizaron que esto se debe a que todavía quedan «pequeños detalles» por terminar, y que la Conselleria la recibirá cuando esté «en perfecto estado».
«El verdadero problema del centro es la falta de personal administrativo», tal y como explicaron fuentes del instituto, pues sólo una persona se encarga de estos trabajos. Y eso a pesar de que la Conselleria reconoce que falta una plaza más.
Esta vacante ha hecho que en las épocas de mayor volumen de trabajo, como el periodo de presentación de becas o las matriculaciones, sean los padres los que, mediante un sistema de turnos, refuercen el servicio.