«Su preparación llegó a obsesionarme desde que la Exposición fue iniciada». Así escribió, en su 'Memoria', Tomás Trenor Palavicino, el promotor de la Exposición Regional Valenciana, refiriéndose al Concurso Hípico Internacional que se celebró en Valencia, por vez primera, en los primeros días de junio de 1909, hace ahora un siglo. Su coincidencia con el Global Champions Tour que este fin de semana se celebra en la Ciudad de las Artes es particularmente interesante. Porque nos señala que Trenor, al proyectar para Valencia una serie de alicientes de primera calidad en el orden económico, artístico, social, comercial y de ocio, no olvidó los deportes.
Trenor no tuvo reparos en presupuestar por lo alto. Organizó un Concurso Hípico Internacional. Y preparó una bolsa de 40.000 pesetas en premios, una cantidad grandiosa si tenemos en cuenta que el Arco de Entrada a la Exposición, por poner un ejemplo, costó algo menos de 70.000 pesetas. Pero con esos premios, y un presupuesto general de casi 60.000 pesetas, Trenor dio una decena larga de días de espectáculo hípico de primer nivel en el que participaron los primeros jinetes españoles, civiles y militares, así como otros muchos europeos.
Trenor echó mano de especialistas de su mayor confianza a los que dio instrucciones claras y una gran capacidad ulterior de acción. Al mencionar a José Antonio Berruezo, que presidió el comité organizador del Concurso, señalar que era «mi querido amigo». Camilleri, Pérez Fillol, Muga, Loigorri, Rubio, Ferrer Pérez, Anibal Moltó y Cervera son los apellidos que integraron una comisión que «dio a sus tareas impulso vigoroso». Empezaron a trabajar en otoño de 1908 y consiguieron tanto el apoyo de entidades y familias que patrocinaron trofeos, como la presencia de las mejores figuras del momento. En la Navidad de 1908 todo estuvo razonable claro: incluso el cartel, del pintor Beut, que se imprimió en la litografía Ortega.
Un Concurso Hípico de gran nivel, como el que Valencia organizó en 1909, requirió una multitud de detalles. Se construyó una cuadra para 40 caballos y se alquilaron, en las huertas cercanas a la Exposición, unos terrenos que se habilitaron como pista de entrenamiento. Las minuciosas anotaciones de Trenor incluyen incluso los gastos (92 pesetas) del modelado de 12 cabezas de ninot de falla: porque una de las pruebas consistía en poner en un banco, sentados, muñecos que figuraban personas vestidas y que los caballos participantes saltaban.
El concurso se abrió a todas las sociedades hípicas legalmente constituidas y Valencia vio con orgullo cómo venían participantes de los elegantes Polos Club de Barcelona y Madrid, del Instituto Agrícola catalán de San Isidro, de la Societé Hipique Francaise, del Comité Central Belge. Con todo, el padre de la Exposición reconoce en su 'Memoria' la meritoria colaboración del cónsul de Francia en Valencia, el Conde de Valicourt, que movió sus hilos en Francia y trajo, entre otros, al famoso campeón de París, capitán Crouse, así como a los alumnos de la Escuela de Equitación de Saumur. Otros oficiales italianos se sumaron al concurso y el único fallo que Trenor lamentó es no poder traer a unos jinetes argentinos que estaban entonces de gira por San Sebastián.
«La propaganda de este Concurso hízose a todo gasto», reconoce el patrón de la Exposición, al recordar la calidad de los carteles y los programas. De ahí que en la inauguración, el 1 de junio de 1909, participaran hasta 43 caballos. La Copa de Valencia, las Copas Reales, la Copa del rey y 'Les habits rouges', donde los jinetes «vestían casaca colorada, con calzón blanco y sombrero de copa o gorra de una Sociedad de Caza» son títulos que, en su sola enumeración, nos dan una idea del ambiente que reinó en las pistas.
Los infantes, en Valencia
En las gradas, singularmente en las galerías del Gran Casino y los balcones modernistas del Palacio de las Bellas Artes, la mejor sociedad valenciana, española y europea se dio cita cada tarde de competición. No en balde asistió a muchas de ellas la infanta María Teresa, hermana del rey Alfonso, especialmente venida a la ciudad para asistir a las fiestas de la Exposición y ser Regina dels Jocs Florals. El infante Fernando, su esposo, formó parte del jurado del Concurso en alguna oportunidad.
El caballo 'Vendante', montado por el teniente Alejandro Rodríguez, fue el ganador de la Copa del Rey, sin duda la más preciada. Salvo el día 3 de junio, en que llovió, los doce primeros días de aquel mes hicieron de Valencia el centro elegante y distinguido donde se dieron cita los amantes de este singular deporte. El 10 de junio el Gran Casino de la Exposición, cuajado de luces eléctricas, fue escenario de un banquete singular en el que árbitros, jurados y jinetes recibieron los parabienes de los organizadores y de la mejor sociedad valenciana. Hasta 160 comensales brindaron a los postres por el éxito conseguido por el deporte hípico en su estreno valenciano y «haciendo votos por su aclimatación en nuestra ciudad».