26.04.09 -
Este año la primavera viene con retraso y ha sido la invitada de lujo en la inauguración de casi todas las ferias del libro. Es una buena noticia que podríamos aprovechar para medir nuestro grado de interés por la lectura y descubrir que nuestra relación con la cultura de los libros está cambiando vertiginosamente. Y no se debe sólo al hecho de que compramos menos libros porque disponemos de menos dinero sino al hecho de que nuestros alumnos e hijos no sienten la necesidad de leer ningún libro.
Por mucho que se empeñen los editores o las autoridades culturales, las nuevas generaciones tienen una relación distinta con los libros y en algunos ambientes estudiantiles hasta se presume de no necesitar leer ningún libro porque los resúmenes correspondientes están disponibles en la red. Incluso se ridiculiza a quienes aún acuden a las bibliotecas para buscar libros o deciden buscar en la enciclopedia lo que rápidamente se encuentra en google, la wikipedia o sencillamente en la red.
Los deberes escolares ya no se realizan cerca de los libros sino cerca del ordenador. Por mucho que los padres nos resistamos a que nuestros hijos estudien alejados de los ordenadores, no faltan profesores que exigen a los alumnos buscar información en la red y dejar de lado libros, enciclopedias y bibliotecas. Y como bien sabe cualquier analista educativo y cultural, nos dirigimos a una civilización donde no sólo la información estará en la red, sino todos los libros y bibliotecas del mundo. No será verdad que todo esté en los libros sino que todo está en la red.
Este cambio de relación con los libros puede plantearse como una ganancia o como una pérdida, pero nos lo planteamos únicamente aquellos que hemos tenido la suerte de pasar por los tres tipos de literatura que están dando forma a nuestro imaginario cultural. Es un privilegio que tiene no sólo la generación de Carlos Alcántara a la que uno pertenece sino la generación anterior que corría ante los grises y lideró la cuestionada revolución del 68.
Nuestra relación con la lectura nace de una literatura de quiosco donde empezamos a leer cuentos, novelas o tebeos que estaban en el quiosco de los pueblos. Como la paga semanal no daba para mucho, los amigos no sólo cambiábamos cromos sino todo tipo de lecturas. Cuando llegaron las primeras reformas educativas llegaron las primeras bibliotecas a los colegios, aunque la literatura de biblioteca no sustituyó a la literatura de quiosco.
Eran tiempos donde la posibilidad de ir al cine abría un horizonte de lectura verdaderamente nuevo, y no digamos cuando las televisiones comenzaron a inundar nuestros hogares. La pantalla del cine y del televisor anunciaba la llegada de una relación nueva con los libros y la lectura. Eran años donde nadie se imaginada que el mundo de las pantallas sustituiría al mundo de los libros y transformaría radicalmente la actividad de leer.
Nadie imaginaba que la literatura del ratón sustituiría a la literatura de las bibliotecas o la literatura de los quioscos. Las bibliotecas se han convertido en verdaderas ratoneras llenas de ordenadores donde se realizan búsquedas, se localizan documentos y se consultan los libros. Ahora es difícil perderse en una biblioteca o en una librería y quizá por eso los libros ya no sorprenden y parecen tener menos misterio.
Es difícil que un lector que ha empezado con la literatura de los quioscos se haya dejado seducir o embaucar por la literatura del ratón. Aunque muchos consideren que la escritura y difusión de los textos a través de blogs tiene menos valor que la literatura tradicional se están equivocando. Son formas narrativas distintas con la que puede cultivarse la capacidad de fabulación, el poder de la imaginación y transmitir al lector la posibilidad de que las historias o los personajes de los que se habla sean creíbles, cercanos y veraces. Formas narrativas sin fronteras donde las historias están exentas de IVA o cualquier impuesto. Formas narrativas que funden los horizontes del escritor y el lector en una imaginación verdaderamente universal.
Conozco un blog con alta calidad literaria que en pocas semanas ha conseguido más de 25.000 seguidores de todo el mundo. Un éxito indiscutible porque su autora no sólo habla de libros y es una apasionada de los libros sino porque tiene capacidad narrativa para zambullirnos en su mundo que es el nuestro. Además, aprovecha la sensibilidad y la inteligencia para que le prestemos más atención a las cosas que a la lengua.
Este privilegio no es propio de nuestra generación sino de todo aquel que establece una relación directa entre educación y lectura. La lectura no puede formar parte del mundo de los deberes sino del mundo de las ilusiones, los deseos radicales, los sueños, las fabulaciones y los valores. No leemos sólo para tener conocimiento, mantener viva la memoria y enjuiciar. Leemos para disfrutar, gozar y soñar despiertos. Por eso tenía razón Goethe cuando decía que hay tres tipos de lector: el que disfruta sin juicio, el que enjuicia sin disfrutar y el que disfruta enjuiciando. Para ello convendría entrenarse en la peligrosa costumbre de leer.
Por mucho que se empeñen los editores o las autoridades culturales, las nuevas generaciones tienen una relación distinta con los libros y en algunos ambientes estudiantiles hasta se presume de no necesitar leer ningún libro porque los resúmenes correspondientes están disponibles en la red. Incluso se ridiculiza a quienes aún acuden a las bibliotecas para buscar libros o deciden buscar en la enciclopedia lo que rápidamente se encuentra en google, la wikipedia o sencillamente en la red.
Los deberes escolares ya no se realizan cerca de los libros sino cerca del ordenador. Por mucho que los padres nos resistamos a que nuestros hijos estudien alejados de los ordenadores, no faltan profesores que exigen a los alumnos buscar información en la red y dejar de lado libros, enciclopedias y bibliotecas. Y como bien sabe cualquier analista educativo y cultural, nos dirigimos a una civilización donde no sólo la información estará en la red, sino todos los libros y bibliotecas del mundo. No será verdad que todo esté en los libros sino que todo está en la red.
Este cambio de relación con los libros puede plantearse como una ganancia o como una pérdida, pero nos lo planteamos únicamente aquellos que hemos tenido la suerte de pasar por los tres tipos de literatura que están dando forma a nuestro imaginario cultural. Es un privilegio que tiene no sólo la generación de Carlos Alcántara a la que uno pertenece sino la generación anterior que corría ante los grises y lideró la cuestionada revolución del 68.
Nuestra relación con la lectura nace de una literatura de quiosco donde empezamos a leer cuentos, novelas o tebeos que estaban en el quiosco de los pueblos. Como la paga semanal no daba para mucho, los amigos no sólo cambiábamos cromos sino todo tipo de lecturas. Cuando llegaron las primeras reformas educativas llegaron las primeras bibliotecas a los colegios, aunque la literatura de biblioteca no sustituyó a la literatura de quiosco.
Eran tiempos donde la posibilidad de ir al cine abría un horizonte de lectura verdaderamente nuevo, y no digamos cuando las televisiones comenzaron a inundar nuestros hogares. La pantalla del cine y del televisor anunciaba la llegada de una relación nueva con los libros y la lectura. Eran años donde nadie se imaginada que el mundo de las pantallas sustituiría al mundo de los libros y transformaría radicalmente la actividad de leer.
Nadie imaginaba que la literatura del ratón sustituiría a la literatura de las bibliotecas o la literatura de los quioscos. Las bibliotecas se han convertido en verdaderas ratoneras llenas de ordenadores donde se realizan búsquedas, se localizan documentos y se consultan los libros. Ahora es difícil perderse en una biblioteca o en una librería y quizá por eso los libros ya no sorprenden y parecen tener menos misterio.
Es difícil que un lector que ha empezado con la literatura de los quioscos se haya dejado seducir o embaucar por la literatura del ratón. Aunque muchos consideren que la escritura y difusión de los textos a través de blogs tiene menos valor que la literatura tradicional se están equivocando. Son formas narrativas distintas con la que puede cultivarse la capacidad de fabulación, el poder de la imaginación y transmitir al lector la posibilidad de que las historias o los personajes de los que se habla sean creíbles, cercanos y veraces. Formas narrativas sin fronteras donde las historias están exentas de IVA o cualquier impuesto. Formas narrativas que funden los horizontes del escritor y el lector en una imaginación verdaderamente universal.
Conozco un blog con alta calidad literaria que en pocas semanas ha conseguido más de 25.000 seguidores de todo el mundo. Un éxito indiscutible porque su autora no sólo habla de libros y es una apasionada de los libros sino porque tiene capacidad narrativa para zambullirnos en su mundo que es el nuestro. Además, aprovecha la sensibilidad y la inteligencia para que le prestemos más atención a las cosas que a la lengua.
Este privilegio no es propio de nuestra generación sino de todo aquel que establece una relación directa entre educación y lectura. La lectura no puede formar parte del mundo de los deberes sino del mundo de las ilusiones, los deseos radicales, los sueños, las fabulaciones y los valores. No leemos sólo para tener conocimiento, mantener viva la memoria y enjuiciar. Leemos para disfrutar, gozar y soñar despiertos. Por eso tenía razón Goethe cuando decía que hay tres tipos de lector: el que disfruta sin juicio, el que enjuicia sin disfrutar y el que disfruta enjuiciando. Para ello convendría entrenarse en la peligrosa costumbre de leer.







