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Euros

El catedrático Enrique Cabrera sostiene que el agricultor que riega de pozo es más eficiente,y que eso se debe a que paga mucho más que los que se nutren de caudales superficiales
26.04.09 -

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Para poder obtener un kilo de naranjas hace falta aportar al cultivo una media de 115 litros de agua, según el cálculo hecho por Enrique Cabrera, catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia, durante su intervención en una jornada sobre aguas subterráneas. Por tanto, una naranja precisa el concurso de unos 25 litros de agua, teniendo en cuenta que entre cuatro o cinco naranjas pesan un kilo; 115 litros, divididos entre 4,5, igual a 25.

Esta jornada ha sido organizada por la Asociación Española de Usuarios de Aguas Subterráneas y la Asociación Valenciana de Pozos de Riego (integrada en AVA-Asaja).

Cabrera partió del dato de que una hectárea de naranjos en plena producción necesita unos 5.000 metros cúbicos de agua al año y puede dar más de 43.000 kilos de fruta (unas 300 arrobas de media). Y tan sencillo cálculo ilustró uno de los principales objetivos de su intervención: que la sociedad debe estar mejor informada sobre el papel esencial de la agricultura de regadío y su aportación histórica a la creación de riqueza en lo que hoy es la Comunitat Valenciana.


Una revolución silenciosa
A partir de ahí entró en su segundo postulado: las aguas subterráneas han contribuido de manera muy eficaz a generar regadíos donde no llegaban el agua de río, y la gestión de los recursos del subsuelo es mucho más eficiente que la de las aguas superficiales, más conocidas por todos.

Como catedrático de Mecánica de Fluidos, Cabrera tiene una estrecha relación profesional con el agua, pero principalmente en cuanto a los aspectos técnicos de tuberías, bombas, rendimientos, redes de distribución, etc., no por el origen del recurso u otros condicionantes del mismo. Su apego por estos aspectos le viene de familia y por su lugar de nacimiento: Villarreal, en cuyo término municipal hay más de un centenar de pozos de riego, los que han posibilitado una citricultura hasta ahora puntera y competitiva, al igual que en tantas otras poblaciones y comarcas del regadío valenciano. En 1909 ya había en Villarreal 37 pozos abiertos, donde se elevaba el agua con máquinas de vapor o de 'gas pobre', y en 1913 se regaban 38.000 hanegadas (hoy son unas 45.000).

El grueso del 'milagro' de la transformación agrícola que hubo en Villarreal se hizo en poco tiempo, la parte más dura en apenas diez años, y Cabrera indicó que, sorprendentemente, el 'boom' del uso del agua subterránea en la más adelantada California, para ensanchar su citricultura donde no llegaba el agua superficial, ocurrió en los años treinta. Es decir, que en algunas cosas, como esta, la proverbial iniciativa del citricultor valenciano ya iba por delante de quienes, en conjunto, tenían más medios y mayor potencia en todos los sentidos. Cabrera habló de una auténtica "revolución silenciosa"

El ejemplo de Villarreal no es exclusivo, naturalmente, sino que se dio en paralelo en otras poblaciones, y el catedrático utilizó los datos que más conoce "de mi pueblo" para demostrar la eficiencia del agua subterránea y de los agricultores que riegan con ellas, e indicó que esa mayor eficiencia se basa precisamente en que se trata de un recurso buscado con mucho esfuerzo y que cuesta caro.


Mucha diferencia en precio
Por consiguiente, si el agua del subsuelo es cara, todos los que la usan y dependen de ella, procuran que no haya fugas ni malgasto, e invierten de forma constante en mantenimiento y modernización.

Así, un metro cúbico de agua de pozo para riego cuesta hoy un mínimo de 12-15 céntimos de euro, mientras que la superficial apenas llega a 0,1 céntimo. Ese es el diferencia de costes entre unos casos y otros, un diferencial asumido por quienes pagan más, por cuanto que sólo pueden disponer de agua subterránea para regar, la de río les queda lejos, y como regar significa hacer viable su explotación, su elección es lógica, porque supone el ser o no ser.

Por contra, los usuarios de aguas subterráneas sufren la incomprensión por parte de la Administración, hasta el punto de que reclaman más conocimiento y compromiso oficial hacia su realidad diferencial y exigen contar con mayor representación en los organismos públicos de planificación, gestión y control.

Cabrera insistió en que "la sociedad le debe mucho al agricultor, y ahora que este lo pasa mal debe haber conciencia de que necesita apoyo para que no desaparezca". Añadió que hace falta "educación" para afrontar "de buena gana" el sacrificio colectivo que se requiere, y advirtió al profesional del campo que "debe afrontar el futuro sin miedo a cambiar, porque el reto es adecuarse a los cambios".
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