Comunidad Valenciana
Además, la bulimia gana terreno a la anorexia entre las afectadas. "La bulimia, que consiste en la ingesta compulsiva de comida para luego vomitarla, ha ido aumentando de forma notable. Y es frecuente que la anorexia termine derivando en una bulimia porque es más fácil de mantener que no comer", señaló Rodríguez.
También han surgido otros trastornos como la vigorexia, el culto al cuerpo a través de las dietas y el ejercicio físico. "El problema es que las madres que sufren estos trastornos pierden la percepción de la realidad y se lo trasmiten a los hijos", advirtió el presidente de Avalcab.
Ante el aumento de estas enfermedades alimenticias, las farmacias valencianas distribuirán una guía - que informa de los trastornos, los mitos y da consejos- para ayudar a afrontarlas. Y es que los boticarios juegan un papel muy importante como profesionales sanitarios más cercanos y accesibles. Ellos son quienes pueden descubrir los primeros indicios si ven que el mismo paciente abusa de diuréticos, laxantes y medicamentos para adelgazar. "No se pretende tratar ni diagnosticar, sino de dar la información y alertar a los familiares", afirmó Javier Climent, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Valencia.
Sólo en la provincia de Valencia hay más de 20.000 personas con anorexia y bulimia. Son decenas de miles de valencianas que sufren una enfermedad " dura y difícil" junto a sus familias. "Se debilitan sus defensas pero también sus capacidades personales por lo que tienden a la discusión. Suelen perder la pareja y los amigos porque se muestran más ariscas", admitió Rodríguez.
Pero hay otros datos que permiten adivinar la realidad diaria de esas miles de familias de la Comunitat. "Entre un 5 y un 10% de los casos terminan en muerte. En otro 10% la enfermedad se hace crónica. El 70% se cura aunque para ello es imprescindible que el paciente reconozca su enfermedad y quiera curarse", apuntó Rodríguez.
Prueba de que es el enfermo quien debe querer mejorar es un caso reciente de la asociación. Una joven que ha estado ingresada hasta tres veces. En 15 días engordaba los ocho kilos que necesitaba para poder salir del centro. Al regresar a casa, recaía. Hasta que se dio cuenta de que su vida corría peligro.









