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C. Valenciana

12.04.09 -

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Una de las muestras más evidentes de que muchos políticos españoles viven de espaldas al mundo educativo es el ajetreo que se traen con las universidades. No aprendieron del gobierno de Adolfo Suárez quien separó en Julio de 1980 las carteras de Educación y Universidades creyendo que así impulsaría la investigación básica. Con ello consiguió dispersar las escasas fuerzas que entonces tenían los reformistas de UCD para fortalecer el sistema educativo. En Febrero de 1981 Leopoldo Calvo Sotelo enmendaría el error volviéndolas a unificar. Lo mismo sucedió en la Comunidad Valenciana cuando en la anterior legislatura sus desmemoriados próceres separaron las Universidades del conjunto del sistema educativo.

Hace un año, el gobierno central volvió a caer en el error con la finalidad de potenciar la nueva cartera de Ciencia y Tecnología. Menos mal que ha tardado escasamente un año en rectificar y ha situado las Universidades en su sitio, es decir, en el Ministerio de Educación y Ciencia. Esta parece ser una de las condiciones que ha puesto el nuevo Ministro para hacerse cargo del puesto y completar el proceso de Bolonia.

Don Ángel Gabilondo ha cogido con ganas un Ministerio para el que ya venía haciendo méritos desde hace años y no sabemos con qué tipo de música hará que bailen las universidades con el resto del sistema educativo. María Jesús Sansegundo llegó como una experta en financiación universitaria de la mano del entonces rector de la Universidad Carlos III Don Gregorio Peces Barba y se limitó a que las universidades fueran a su ritmo.

Doña Mercedes Cabrera también procedía del mundo universitario y dejó que la Conferencia de Rectores del Señor Gabilondo tuviera ritmos propios. Entretenida con la Ciudadanía, los Deportes y la Dependencia, esta Ministra tampoco bailó con los universitarios. El tema se ha complicado este curso cuando las universidades han comprobado que el Espacio Europeo de Educación Superior pende como espada de Damocles de todo el sistema, y cuando los universitarios han pedido el amparo de los estudiantes de bachillerato y secundaria.

Convencido de que el mundo universitario llevaba mucho tiempo bailando a su aire en el centro de la pista, Zapatero ha encontrado la persona adecuada para un chotis, un tango y hasta un vals, si se tercia. O al menos así parece cuando todos los analistas señalan que la finalidad del nombramiento es cambiar el rock, el rap y la música disco por el pop y los aires melódicos de quien puede tener cintura para persuadir retórica, mayestática y metafísicamente al movimiento anti-Bolonia.

Pero el baile no ha hecho más que comenzar y el problema no está sólo en el movimiento estudiantil contestatario, sino en el desánimo y la desmoralización de la comunidad educativa en general. Los rectores ya han dicho que la adaptación a Bolonia tiene sus costos y han exigido más dinero a las autoridades, de esta forma podrán aplacar las iras de los claustros que están inquietos y desconcertados porque no saben qué hacer o decir ante los estudiantes movilizados.

La adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior afecta directamente a las Universidades pero indirectamente a todo el sistema. Con Bolonia los Grados costarán algo más que las licenciaturas actuales pero los Masters y Postgrados tendrán un costo mayor, que tendrán que asumir los propios estudiantes o sus familias. Pero el problema no está en los costos económicos de una enseñanza universitaria que ahora está políticamente subvencionada sino en los costos educativos y culturales del nuevo modelo.

De nada vale adaptar la enseñanza superior al espacio europeo si la enseñanza media, básica y primaria no muestra interés alguno por adaptarse a nada, es decir, si cada territorio autonómico campa por sus fueros en algo tan básico como la dignificación del profesorado, la valoración de la memoria, la incentivación de la excelencia, la estimulación del esfuerzo y la pasión por la cultura.

En las próximas semanas volverán a plantearnos la necesidad de un gran pacto de estado en educación para evitar los pisotones en el baile educativo. Los bailes no se hacen únicamente con las piernas, la cintura o los brazos, se baila con todo el cuerpo. Y el problema del baile que mantiene nuestro sistema educativo con la vida universitaria no es sólo que bailen con algunas partes del cuerpo, es que se baila sin alma.

Esperemos que el nuevo Ministro de Educación no caiga en los mismos errores positivistas, laicistas y republicanos en los que ya cayera el también Ministro y Catedrático de Metafísica Don Nicolás Salmerón en el siglo XIX. Aunque son otros tiempos y ahora se bailan otros ritmos, no está de más traer a la memoria otras músicas para los mismos bailes, incluso recordar a otro metafísico como Ortega quien en su defensa de Unamuno pedía una educación basada en la excelencia. Eran tiempos en los que se podía denunciar la simpatía administrativa hacia lo mediocre y lo abyecto, incluso pedir sensibilidad ante los valores o exigir restaurar la nobleza cordial.
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