Alicante
Desde muy temprano, los mejores rincones para contemplar el paso de El Gitano están ocupados. La salida de la procesión desde la ermita es a las siete de la tarde. Pero desde la hora de comer las calles se abarrotan de público. La bajada es complicada pero cada año son más quienes quieren ser costaleros. José Mari Manzanares, hijo del barrio, lo ha sido muchos años. Como lo son los alicantinos que el resto del año viven fuera pero que vienen exclusivamente el Miércoles Santo para participar en la procesión.
Si la bajada es espectacular, la subida no lo es menos. A la carrera y al grito de "¡Triqui, triqui, tri, tra! ¡Santa Cruz! ¡Santa Cruz y nadie más!". Es una procesión con un tremendo calor humano. Parece imposible que tantos miles de personas se agolpen en tan poco espacio. Pero el espectáculo vale la pena. Es la explosión de los mediterráneos en su expresión más pura: el amor a las tradiciones, el respeto hacia las devociones y el entusiasmo desbordado hasta no poder más.
Los pasos
Tiene cuatro pasos, el Cristo de la Fe, popularmente conocido como el Gitano, el Cristo Cautivo, el Descendimiento y Nuestra Señora de los Dolores. El desfile procesional ha traspasado todas las fronteras. Si las austeras procesiones castellanas responden al carácter de aquella tierra o Sevilla rezuma arte, Santa Cruz es pura pasión, amor crudo, cuando el fervor estalla en éxtasis.
Pero Santa Cruz es mucho más que la explosión de júbilo. A lo largo de la mañana, incluso en los días previos, los vecinos dejan todo preparado para el momento crucial. Al mediodía se celebra un almuerzo, cada año más multitudinario con los participantes, que supera y con creces el medio millar. Las habas y los salazones nunca faltan en la comida en la que también acuden los representantes de las entidades e instituciones que ayudan a que la procesión de Santa Cruz sea una realidad todos los años. La procesión es un rito. Es una mezcla de devoción y fiesta.
Devoción porque es la continuidad de una tradición de varios siglos que los vecinos impulsan generación tras generación para que la historia siga viva. Pero también es una fiesta, porque nadie se quiere perder cómo los costaleros trabajan y duro para mantener los cuatro pasos, que no se estropeen y que nunca tropiecen con los salientes de los balcones.
Lo difícil de la procesión está al principio y al final. La travesía por el itinerario oficial es un paseo después de haber sufrido en el descenso pero también un descanso para encarar la subida a la carrera. Desde la ermita de Santa Cruz, en lo alto del barrio, desde donde se divisa el mar y el ensanche de Alicante, bajo la barbas de la Cara del Moro, sale desfile por la calle Diputado Auset sigue por San Antonio y San Rafael, cuesta abajo, sorteando las dificultades de los escalones y los problemas que ofrecen los balcones atestados de público. Las calles son angostas. Pero esta tarde lo serán todavía más. La llegada a la plaza del Carmen es el primer alivio. Luego se enfila Virgen de Belén y Santos Médicos hasta que se alcanza la plaza de San Cristóbal. Lo peor ya ha pasado.
Entre los vítores de la gente, los gritos de emoción surgen las saetas desde los balcones. Máxima expresión de sentimiento. También es costumbre bailar a los pasos. No es, ni mucho menos, símbolo alguno de desprecio, todo lo contrario. Es la manifestación de alegría de unos seguidores que cada año son más.
Tras el paso por el recorrido oficial, los pasos inician el recorrido de vuelta. desde San Cristóbal hacia la plaza del Carmen llega la primera carrera y vuelven los vivas al barrio. Santa Cruz, junto con San Roque y el Raval Roig son las zonas más antiguas de la ciudad. Mirando al mar son el bastión de una ciudad que parece haberse olvidado de ellas pero que todos los años vuelve la vista para vivir algo único.
La bajada y subida de los pasos por las callejuelas del barrio han traspasado las fronteras. Entre los espectadores no sólo hay alicantinos. Ni mucho menos. La remesa de turistas extranjeros que, como muchos visitantes de la Meseta y del norte de España, vienen a propósito a ver este espectáculo tan especial, crece año tras año. Porque Santa Cruz está muy vivo.






