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31.03.09 -

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La nueva ley del aborto prevista en España está dando lugar a un interesante debate, en muchos casos no tanto por la novedad o enjundia de los argumentos sino precisamente por su pobreza. Se ha convertido en un tema tan ideologizado que, con harta frecuencia, hace olvidar el fondo de la cuestión: la muerte del nasciturus y el trauma sufrido por tantas mujeres que lo han practicado. De esto último hablan las estadísticas y algunas valientes que se han atrevido a contarlo. Existe una asociación de mujeres víctimas del aborto (AVA).

Un argumento ha sido aportado por la ministra de Igualdad. Ha venido a decir que no se abortará después de que el feto cuente con veintidós semanas -salvo con problemas de tal magnitud que no sea posible la supervivencia del feto- porque la ciencia asegura que después de ese tiempo es viable fuera del seno de la madre. ¡Ya! Sólo se plantean dos pequeñas cuestiones: ¿es acaso inviable dentro del seno de la madre antes de cumplirse ese tiempo? ¿Tan inseguro es el seno de la madre? ¿Qué dice la ciencia de eso? Lo de la gran magnitud se aplicaría a casos especiales en que sí se puede matar.

Otro argumento es el del asunto religioso. Pero ¿no estamos por lo científico? ¿No dice la ciencia que hay vida desde el primer instante de la unión del óvulo y el espermatozoide? No creo que el tamaño sea un tema religioso. La propia inventora del término preembrión declaró que aquello no tenía base científica y que lo utilizó bajo presión. Pero sigamos con la cosa religiosa. Se trata así para hacer creer que es un tema exclusivo de la Iglesia, cuando hay muchos no creyentes que están a favor de la vida desde su inicio. Otro paso más: se acusa enseguida -¡cómo no!- a la Iglesia de los crímenes de la Inquisición. Aparte de que cada asunto hay que juzgarlo con sus coordenadas de espacio y tiempo, aun dando por bueno que en la Iglesia se hayan cometido fechorías, ¿justificaría esto que alguien cometa otras como esta de matar al ser más inocente?

Una razón peregrina ha sido que el lince utilizado por la propaganda de la Conferencia Episcopal no es español sino australiano. Así que todos tranquilos. Aún ha dado el lince algo más de sí, pues ha servido para decir que la Iglesia está contra este animal protegido y a favor de que vayan a la cárcel las mujeres que abortan. Sería como de juzgado de guardia si diera el nivel. Otro razonamiento: me contó un profesor de instituto, militante en otro tiempo en partidos de izquierda y abortistas -no es necesario identificar aborto e izquierda-, autor de un artículo a favor de la vida y contra el aborto. Antes de publicarlo, lo mostró a un antiguo correligionario. Este lo leyó y reconoció su lógica. Entonces, ¿estás de acuerdo?, preguntó el escritor. No, respondió el colega, porque eso es facha. Es un caso singular, pero el razonamiento (?) se utiliza con cierta frecuencia.

Quizá el fondo más importante del proyecto de ley es el nuevo giro de tuerca que se da a la sociedad española: lo que era un delito -no punible en determinados supuestos- parece que se quiere convertir en un derecho de la mujer. Es posible que no haya más abortos con la nueva ley, porque el supuesto de la salud psicológica de la madre, bajo el que se han efectuado casi todos, ha supuesto su práctica libre. Pero algunas clínicas los han realizado sin cumplir siquiera los pequeños trámites que marca la ley, quizá por la escasa vigilancia y/o excesivo afán de lucro. Es decir, opino que lo peor es declarar la muerte de esos inocentes como un derecho de sus madres, al parecer incluso siendo menores de edad. He visto una ecografía de nasciturus de ocho semanas, y basta eso para darse cuenta de que nadie es dueño de la vida de otro, tampoco -quizá aún menos- si es su hijo. Pero, además, es una ley machista, porque carga sobre la mujer toda la responsabilidad de un acto que, con muchas posibilidades, le acarreará graves secuelas. Y, a propósito de la cárcel, nadie se acuerda del último apresamiento por este tema.
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