Comunidad Valenciana
Sobre el papel está muy clara la tarea de los padres, pero requiere el tiempo que no tenemos.
-Vivimos en una sociedad tóxica en la que es más difícil educar porque ofrece modelos y estímulos para la desviación de conductas como nunca antes se había tenido: drogas, alcohol, violencia, hipermercantilismo. Todo ello presiona brutalmente a nuestros hijos. Es cierto que tenemos menos tiempo y también menos energía, con unas relaciones de pareja más conflictivas y un mercado laboral inestable. El tejido social se ha roto por eso hace falta un mayor esfuerzo familiar.
-¿Se puede relacionar violencia con niveles socioeconómicos?
-Antes el tejido social estaba muy fundamentado en las clases medias y la violencia conectaba más con sectores marginales, pero eso se ha borrado. La democratización del delito se debe a la pérdida de la red social que formaban las familias, aunque lo que persiste es una violencia más agresiva en hijos de familias más desfavorecidas.
-¿Cómo pueden prevenir los padres que sus hijos sean violentos?
-Un aspecto importante es prestar atención al autocontrol. Los más problemáticos ceden al impulso y eso se detecta a edades tempranas. Otro aspecto que lo evidencia es la desconexión moral, son niños que se desvinculan afectivamente de los hechos. Los padres, por tanto, deberían trabajar en enseñar a sus hijos a reprimir la necesidad de obtener cosas de inmediato y a que entren en contacto con las consecuencias que tienen sus actos. Deberían hacer un esfuerzo extra en trabajar sobre el autocontrol y el desarrollo moral de sus hijos.
-¿Cuál es el tipo de violencia más habitual de los hijos sobre sus padres?
-La emocional y especialmente la sufre más la madre.
-Se está observando un desfase en la evolución psicológica de los jóvenes, su maduración biológica y social no va a la par.
-Es que socialmente se les quita mucha responsabilidad a los jóvenes alejándolos del modelo de estatus, mientras que por biología se sienten tentados de tener esas cosas. Les alejamos del sentimiento de ser una persona útil e importante. Se encuentran inmersos en una sociedad de consumo en la que se les muestra que el esfuerzo no les merece la pena y quieren el ahora. Los padres tienen que inculcarles el afán de superación pero desde el punto de vista del progreso continuo, del esfuerzo. El fracasado de ahora lo es más de lo que lo era hace años.











