
Apenas un mes antes, durante las obras de construcción de un ramal del colector norte de la ciudad, habían empezado a aparecer sillares y piezas de arcos hundidos, lo que obligó a realizar una excavación arqueológica de urgencia. No los sabían, pero los obreros iniciaron con su descubrimiento un tira y afloja que se prolongaría hasta marzo de 1989, cuando se terminaron los trabajos de cubrimiento. El día 3, LAS PROVINCIAS relataba a sus lectores el final de los trabajos bajo el siguiente titular: "Vergonzante enterramiento del Palacio Real". Desde la aparición de la primera piedra, este periódico se posicionó a favor de la multitud de voces que clamaban por su conservación debido a su elevada importancia patrimonial.
Durante este tiempo, la oposición en pleno pidió de todas las maneras posibles que los restos se pusieran en valor. El PP, Unio Valenciana y el CDS se negaron al enterramiento. Sin embargo, el partido centrista, que llegó a presentar un recurso de reposición contra la medida, aprobó finalmente la medida municipal.
El equipo de Gobierno, durante estos años, cambió su posicionamiento para volver después a la tesis inicial. Primero mostró su intención de enterrar. Pero en septiembre de 1987, el alcalde, Ricard Pérez Casado, anunció formalmente la conservación de los restos, aunque no llegó a realizarse. Una encuesta elaborada para las PROVINCIAS decía en 1987 que el 64,3% de los participantes optaba por la conservación.







