Los visitantes podrán contemplar las entrañas de este monumento, su estructura interior y el mecanismo que servía para fundir el mineral, desde lo más alto: la plataforma situada nada menos que a más de 40 metros de altura.
Para esta escalada no se descarta la colocación de un cabina, ascensor o teleférico que permitiría a los visitantes "más mayores o con problemas de movilidad ascender a esta última parte de la visita. Por ello, esta es una idea del departamento en la que estamos trabajando. Es un objetivo pero, de momento, no hay presupuesto", según señaló el edil de Patrimonio Industrial, Sergio Paz.
La obra de restauración ha mejorado las condiciones de seguridad para visitar y ascender al horno, tal y como señaló uno de los dos técnicos encargados de concluir con la rehabilitación que se ha dilatado en el tiempo durante más de una década.
"Va a ser una actuación turística y patrimonial de primer orden, además de un atractivo didáctico muy importante. Una legado de nuestro abuelos y padres que trabajaron allí", recalcó el concejal Sergio Paz.
Este trozo de metal cargado de historia, que ahora será recuperado para las generaciones venideras, es sólo una pequeña muestra de la enorme maqueta industrial que se cernía sobre lo que hoy se conoce como polígono Ingruinsa. Un retazo del patrimonio siderúrgico que todavía permanece en pie y que ahora se convertirá en eje y baluarte de un nuevo proyecto.







