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C. Valenciana

05.03.09 -

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En toda Europa crece el rechazo a consumir alimentos que puedan estar contaminados. No ya que lo estén, que eso se supone que queda a salvo a través de multitud de controles oficiales sobre la trazabilidad de los productos, sino que pudieran estarlo de alguna forma sutil que escape a los análisis al uso.

En consecuencia, los consumidores rechazan adquirir alimentos que estén producidos en lugares que tengan problemas notables de contaminación o que estén próximos a fuentes contaminantes, por ejemplo cerca de incineradora de basuras.

A raíz de esta contestación de los clientes, algunas industrias agroalimentarias y empresas de distribución ya miran estas cosas con lupa y desisten de comprar artículos cultivados o producidos en 20 kilómetros alrededor de incineradoras.

Pablo Calatayud, destacado viticultor del Celler del Roure, en Moixent ('Maduresa' y 'Les Alcusses'), ha señalado que este hecho ha movilizado la máxima preocupación entre los viticultores de la zona, alarmados por la pérdida de ventas que provocaría la planta de residuos.
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