La presencia de instalaciones como los vertederos o las plantas de tratamiento de residuos, al igual que otro tipo de infraestructuras como las centrales energéticas, nunca son un plato de gusto para los municipios afectados y sus vecinos, pese a lo cual la Administración tiene que imponer el interés general y seguir adelante con sus proyectos. Pero en este caso, mantener la instalación de la planta supondría un mazazo brutal para un paisaje único e irrepetible. Un desvarío que la Diputación no puede apadrinar.







