Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

C. Valenciana

01.03.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Hace unos días en la junta del APA de mis hijas, un padre y profesor del colegio mostró su extrañeza porque pasadas las 12 de la noche había descubierto que más de veinte compañeros de sus hijos estaban conectados en Tuenti. El revuelo que se creó en la sala fue impresionante: algunos no sabían qué era Tuenti, otros estaban asustados porque asociaban el nombre con la red social con la que se comunicaban Marta (la chica sevillana asesinada recientemente) y su presunto asesino, y otros se mostraron perplejos porque no se imaginaban que habría adolescentes enganchados a esas horas de la madrugada.

Un padre comentó que había que seguir con aquellas charlas que se dieron hace dos años sobre Internet. Otro dijo que había filtros potentes y con poco dinero nos permitían controlar el acceso de nuestros hijos a la red.

Una madre comentó que Tuenti, Facebook, MySpace y las redes sociales eran uno de los mejores inventos de la tecnología moderna y que nadie debía tenerles miedo; incluso comentaba que le permitían comunicarse con sus familiares, compañeros y amigos repartidos por todo el mundo.

Ningún tema había causado tanto revuelo. Ríanse ustedes de los debates sobre la violencia escolar, la vuelta de los uniformes, la LOGSE, la LOE o la Educación para la Ciudadanía. Este revuelo es una muestra de que las preocupaciones educativas reales de los padres y las preocupaciones reformadoras o anti-reformadoras de los políticos circulan por caminos paralelos.

Como en todas las discusiones de esta naturaleza, aparecieron dos grupos. Por un lado, los padres apocalípticos que se mostraban en contra y presumían que sólo le dejaban a su hijo el ordenador para los videojuegos, la música o algunas pelis, sabían que Internet era un recurso peligroso y hasta demoníaco. Padres que siguen sin pillar que sus hijos tienen libre acceso a cualquier programa en cualquier locutorio y que, por tanto, cuando no acceden desde un sitio acceden desde otro. Por otro lado, están los integrados, convencidos de que no pueden ponerles puertas al campo y que ante las redes sociales no cabe enfrentamiento sino implacable negociación.

Precisamente en esta estrategia de negociación se encuentra el desafío educativo. Y no porque los padres no tengamos más remedio que aceptar lo que nos llega y tragar con las redes como tragamos con la absurda selectividad, el vaquero de cintura baja o el ocio nocturno. Tampoco porque algunos hayan encontrado en las nuevas tecnologías una oportunidad profesional y hayan comprobado que es un sector industrial en alza para expertos en informática, promotores comerciales y leguleyos.

Lo primero que deberíamos analizar como educadores es el nombre con el que se nos presentan porque llamar redes sociales a estos sistemas de comunicación global tiene cierta ironía. En principio es una herramienta de comunicación sin fronteras que nos permite mantener la proximidad sin perder la libertad y, por consiguiente, no es una herramienta en la que nos sentimos atrapados como impotentes pezqueñines. Los usuarios no tenemos conciencia de que estas redes hayan sido pergeñadas por malignos depredadores neocapitalistas, neoliberales o neoburgueses con la finalidad de atrapar nuestros datos para comerciar con ellos sin escrúpulos.

El atractivo que despiertan para nuestros hijos es impresionante y en ellas se sienten protagonistas de una comunicación experimental seductora. Están buscando sensaciones nuevas, experiencias nuevas y encuentros nuevos con el menor riesgo posible. Las redes forman parte del juego y con ellas han descubierto una peligrosa continuidad entre lo real y lo virtual cuyas consecuencias no han calculado. Tampoco han tenido a nadie que les oriente, enseñe, dirija o eduque. ¡Aquí sí que los padres saben menos que un niño de primaria!

Cuando cada semana comprobamos que casi 8.000 personas se registran en estas redes y cuando Facebook con 175 millones de usuarios está a punto de alcanzar a MySpace que ya cuenta con 200 millones, el problema no está en las redes sino en los padres y los maestros que están, literalmente, fuera de juego. Los problemas relacionados con el uso de la información de los menores, con la gestión de la información que libremente se ha volcado ahí y con las consecuencias del uso no han hecho más que empezar.

Si usted ha tirado la toalla de la educación y le ha puesto a su hijo un televisor en su habitación, un ordenador y una play con barra libre, no se sorprenda que su hijo tenga una cita con quien, para usted, es un desconocido. Cuando el padre de Marta le dijo a Zapatero que los padres están más preocupados por la llegada de sus hijos por la noche que por la sucesión de la monarquía en la Constitución, ponía de manifiesto dos estrategias educativas paralelas y diferentes. La de los padres, marcada por la velocidad supersónica del crecimiento de sus hijos, y la de los políticos, marcada por la marcha atrás, cuando no el freno de mano, de los procesos electoreros. Como aprendimos en matemáticas, dos líneas paralelas sólo se encontrarán en el infinito…o ¡más allá!
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS