Tema del día

La emergencia fue especialmente tensa para los vecinos del número 8 de la calle Murillo, en cuyo bajo está la escuela municipal de ajedrez. La razón es bien sencilla: una parte de su finca linda con el edificio donde comenzó el fuego y otra, con el Princesa. Antonia Marcos, de 50 años, y su hija Evelin, de 29, estaban viendo la televisión cuando escucharon un ruido. "Nos asomamos a una ventana que da a un patio interior y vimos un humo negro muy fuerte", relató la mujer.
"Veíamos que se nos quemaba la casa y salimos a la calle con lo puesto. Primero fui a por mis animales, luego a por las llaves, el móvil y fuera". Esos otros miembros de la familia son las perras Sena y Luna, además de dos iguanas, Iris y Peque. Todos a la calle amenazados por el fuego.
Dos pisos más abajo, la situación no era mucho mejor. José Luis, de 63 años, su esposa Luisa, de 58, y la hija de ambos, Maika, se vieron obligados a salir al exterior con pijama y batín. También les acompañaron sus perros, Sirta y Lucky. "Primero nos quedamos en la calle, pero luego fuimos todos los desalojados al bar Magarota, donde nos trataron muy bien y se desvivieron por nosotros. Hasta pusieron calefacción para las iguanas de mis vecinos", bromeó Maika.
Pero luego hubo que desalojar también el bar. La hospitalidad entonces llegó de la mano de Tere y Victor, un matrimonio que alojó en su hogar a los evacuados. "En un momento dado se juntaron en casa 16 personas, 6 perros y 2 iguanas", explicó Tere, que hizo cafés y sacó mantas para todos.
Manuel, vecino de la calle Rey Don Jaime, temió que el fuego del Princesa pasara a su casa por la maleza de un solar. "Si llega a ser en verano que esta seco no nos salvamos", lamentó.







