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RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 28 mayo 2012

Valencia

patrimonio valenciano

15.02.09 -

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La conservación del patrimonio arquitectónico es esencial para preservar la memoria histórica de nuestra ciudad, a la que ha de servir como referencia cultural y seña de identidad.

Las torres de Serranos se encuentran situadas en la decimonónica plaza de los Fueros, sobre los restos del antiguo portal dels Serrans, también llamado dels Roters y de al-Quantara durante la dominación musulmana.

Constituyen uno de los escasos vestigios que nos quedan del soberbio recinto amurallado que mandó construir Pedro IV el Ceremonioso para la defensa de la ciudad de Valencia y que sería derribado en 1865 siendo gobernador Cirilo Amorós.

Aún hoy, su monumental arquitectura testimonia su histórica función defensiva, revalorizando un entorno de gran riqueza iconográfica: las Alameditas (1830) de Sales y Ferrer (artísticos jardines en forma de cinta...), los soberbios pretiles del viejo cauce, el puente de Serranos...

Las torres, defensoras de una de las puertas más importantes de la ciudad, fueron construidas entre 1392 y 1398 por el mestre pedrapiquer Pere Balaguer presentando una gran afinidad tipológica con las torres del Pórtico Real del monasterio de Poblet, en las que se inspiró su autor.

Su estructura se compone de dos torres de traza poligonal, con tres plantas abovedadas con cinco salas de estilo gótico y un cuerpo central decorado por una arquería ciega flamígera. Una barbacana o galería corrida en voladizo sirve de nexo de unión del conjunto que presenta un remate final almenado.

Un imponente foso rodea el baluarte mejorando su función militar, si bien carece de continuidad en la parte recayente a la plaza ya que los Jurados pusieron un especial cuidado en que la fortaleza pudiera ser utilizada por el ejército contra la propia ciudad. De ahí el carácter abierto -y también la amplia escalinata- de la fachada intramuros en contraste con la potente imagen defensiva del exterior, tal y como sucede también en las torres de Carcasona y la puerta de la Coracha construida por Luis IX en el siglo XIII.

Constructivamente las torres presentan muros de mampostería de gran espesor revestidos con paramentos de sillarejo, provenientes de las canteras de Almaguer en Alginet, la de Bellaguarda en Benidorm y del tossal de Rocafort.

Convertida en cárcel para nobles en 1586, tras el incendio de las mazmorras de la torre de la casa de la ciudad, sufriría entonces una serie de reformas (cerramiento de los grandes vanos exteriores...) que afearon su aspecto, hasta que en 1887 a instancia del general Elio, los presos fueron trasladados al ex convento de San Agustín, salvándose del derribo al que no escaparon las murallas. Pocos años después (1893) bajo la dirección de José Aixa, las torres serían definitivamente restauradas.

En 1931, este magnífico ejemplo de la arquitectura militar alcanzaría el reconocimiento estético que merecía, siendo declarado monumento histórico-artístico. Desde que perdieron su valor defensivo las torres de Serranos han servido como verdadero arco del triunfo de una buena parte de los acontecimientos festivos de la capital del Turia: cridà...

Sería pues una lástima, que un monumento tan valioso histórica e iconográficamente y transformado en singular hito urbano por los urbanistas de principios de siglo, acabara siendo poco más que una señal informativa: aquí hubo una puerta y unas murallas.

Porque en nuestra ciudad, se corre el riesgo de una conservación banalizada y descontextualizada del patrimonio arquitectónico y cultural (últimos casos de las alquerías, chimeneas industriales...). ¿Acaso no se puede hacer nada con esa vía rápida de tráfico que lo separa del Jardín del Turia; ni con ese aparcamiento en superficie?

Por ello, conviene recordar que la museología técnica alcanza su máxima dimensión precisamente en aquellos lugares donde las piezas han sido descontextualizadas de su ambiente, razón más que suficiente para justificar la rentabilidad de su conservación activa.
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