Comunidad Valenciana

El episodio de acoso escolar -desgraciadamente, uno de tantos- se produjo en el curso 2006-2007 en un instituto de la comarca de la Ribera. La sentencia no explica las razones del inicio del hostigamiento. Seguramente no las hubiera. Un pequeño defecto físico, el hecho de que la víctima destaque en clase o un carácter introvertido convierte a muchos escolares en diana de los odios de los potenciales acosadores.
El infierno para la menor de la Ribera comenzó cuando las dos acusadas empezaron a hacerle la vida imposible en el instituto y a la salida del mismo. Insultos, robos de su material escolar o rayas de tinta realizadas en su ropa fueron las primeras manifestaciones del acoso padecido por la adolescente.
Los padres de la pequeña aconsejaron a su hija que se sentara en la primera fila de clase. Tenían la esperanza de que la cercanía a la docente acabara con la pesadilla de la menor. No fue así. Las acosadoras aprovechaban cualquier circunstancia para levantarse, como tirar algo a la papelera, y propinaban en plena aula golpes en la cabeza a la afectada.
A partir de mayo de 2007 se intensificó la violencia. Las dos menores comenzaron a propinar bofetones a la afectada y la amenazaban con "agredirla de modo más grave" si alertaba de lo sucedido al jefe de estudios del instituto, como revela la sentencia a la que ha tenido acceso LAS PROVINCIAS.
Un mes después, la víctima tuvo que soportar incluso ser grabada y fotografiada por las acosadoras mediante un teléfono móvil. La menor comenzó a temer incluso volver a casa, por lo que una profesora tuvo que acompañarla hasta su hogar.
El terror comenzó a apoderarse de la adolescente. "Empezó a tener miedo de acudir al instituto por encontrarse a merced de los abusos orquestados por las menores", subraya la resolución de un juzgado de menores de Valencia, confirmada ahora por la Audiencia. Hasta que los hechos salieron a la luz con la correspondiente denuncia y la justicia dictó sentencia: 18 y 6 meses de libertad vigilada para cada una de las acusadas, la obligación de someterse a un curso para fomentar sus "habilidades sociales de relación interpersonal" y la prohibición de acercarse a la víctima durante un periodo de entre seis meses y un año.
"Acobardada por su crueldad"
Los abogados de las dos condenadas recurrieron la sentencia ante la Audiencia. Consideraban que no había pruebas de tal acoso. Pero el tribunal provincial destaca que la declaración de la víctima, y sobre todo el "reposado y sensatísimo" testimonio del padre prueban que la menor vivía "acobardada por la crueldad" de las procesadas.
La Audiencia recuerda que incluso una investigación iniciada por el propio centro escolar probó el acoso. Y concluye con un severo párrafo en el que califica a las condenadas de dos personas que, "quizás sin especiales dones de los que sentirse sanamente orgullosas, se hicieron notar por un comportamiento indigno en grado sumo".
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