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Valencia

01.02.09 -

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Fray Francesc de Eiximenis escribió a finales del siglo XIV el tratado Regiment de la cosa pública dedicado "als jurats de la ciutat de Valencia". En dicha obra, al resaltar "les especials belleses de la ciutat de Valencia", afirma: "si paradis es en la terra, que en regne de Valencia es". Señala como excelencia y gracia de la tierra valenciana el ser "apta en fer fruits estranys e drogues orientals". Considera que "els mercaders son vida de la cosa pública" y que "deuen esser afavorits".

El caballero y escritor Joanot Martorell en su novela Tirant lo Blanch relata que la ciudad de Valencia: "fon edificada en prospera fortuna de esser molt pomposa e de molt valentissims cavallers poblada e de tots bens fructifera; exceptat species, de totes les altres coses molt abundosa, de hon se trahen mes mercaderies que de ciutat que en tot lo mon sia. La gent qui es de alli natural, molt bona e pacifica e de bona conservacio".

La rica agricultura y la variedad de cultivos sorprendieron extraordinariamente al viajero Antoine de Lalaing induciéndole a escribir:

"[...] al otro lado de Valencia, hasta cerca de cinco o seis leguas de distancia, están los pueblos y los jardines más hermosos que se puedan ver, adornados con higueras, naranjos, granados, almendros y otros frutos no vistos en nuestro país. Crece también allí el arroz, el azafrán, el algodón, y en grandes cañas crece allí el azúcar, el cual refinan en Gandía [...] Todo el azúcar que llamamos, en nuestro país, de Valencia, viene de allí".

El cronista Gaspare da Verona, en su obra De gestis Pauli II (1468), en una referencia que alude al papa valenciano Calixto III -Alfonso de Borja- afirmó: "Valencia es hoy en día una ciudad famosa por su esplendor, que Calixto III solía comparar con la urbe de Roma. Se refería al nombre, pues, como él mismo repetía a menudo, Roma significa en idioma argólico "fuerza" y "valor", es decir "Valencia".

El viajero alemán Jerónimo Münzer que visitó la ciudad y Reino de Valencia en 1494, después de recorrer Cataluña, plasmó la impresión que le causó y escribió: Hállase situada en un inmenso llano [...]. En esta llanura, a poca distancia del mar, álzase Valencia, ciudad mucho mayor que Barcelona, muy poblada y en donde viven condes, barones, algunos duques, más de quinientos caballeros ricos y otras personas de condición.

Describe la belleza de los jardines de Valencia, los frutos que proporciona la fértil huerta, la actividad mercantil, belleza de la Lonja, la riqueza de la Catedral, los famosos monasterios que posee la ciudad, las vicisitudes de los judíos, etc. Le llamó la atención la abundancia y riqueza de las iglesias: Nunca habíamos visto otra ciudad cuyas iglesias estén tan ricamente adornadas con tantos ornamentos de altar y dorados retablos. Sin embargo, es al describir la "Cortesanía de Valencia" cuando mejor refleja la Valencia de fines del XV.

El pueblo de Valencia es extraordinariamente afable y cortesano. Viven en la ciudad dos duques, uno de ellos hijo del papa Alejandro VI; muchos condes, [...] y más de quinientos caballeros. Mercaderes, artesanos y clérigos pasan de dos mil. Visten los hombres ropa larga y las mujeres con singular pero excesiva bizarría. Al autor le sorprende la intensa vida activa de la ciudad y lo refleja al relatar que: Los habitantes de la ciudad, así hombres como mujeres, acostumbran a pasear de noche por las calles, en las que hay tal gentío que se diría estar en feria, pero con mucho orden, porque allí nadie se mete con el prójimo. No hubiera creído que existía tal espectáculo a no verlo visto, como lo vi, en compañía de mis paisanos, los honrados mercaderes de Rafensburgo.

Nicolás von Popplau, viajero que visitó las tierras valencianas a fines del siglo XV, también dedicó elogiosos textos a la actividad artesanal. A este cronista le sorprendió la excelente producción ceramista, y resalta que naves enteras se envían cargadas de este producto con destino a Venecia, Florencia, Sevilla, Portugal, Aviñón, Lyon, etc.

En el XV se convocan las Cortes Valencianas con asiduidad; se exige a los monarcas jurar y respetar los Furs i Privilegis del Regne; la "Generalitat" es reconocida como institución permanente de las Cortes Valencianas; el jurista P. J. Belluga propugna en su obra Speculum principium (1441) la igualdad jurídica de los Estados que configuran la Corona de Aragón, incluso proclama la superioridad sociopolítica del Reino de Valencia por su preponderancia económica, demográfica y cultural. En el aspecto religioso, la diócesis de Valencia se desliga de la dependencia eclesiástica de Tarragona y alcanza la categoría de arzobispado; proporciona un santo evangelizador y político, San Vicente Ferrer, y dos Papas a la Cristiandad de la familia de los Borja: Calixto III (1455-1458) y Alejandro VI (1492-1504). Culturalmente, florece el "Segle d'Or de les Lletres Valencianes" y se obtiene la concesión de la Bula Pontificia para instituir la Universidad Valentina.
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