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En el chalé más afectado, donde ahora se ven mesas convertidas en finas tablas de plástico negro, cristales rotos, tejados en el suelo, camas y sofás calcinados, vive Eduardo Orozco con su madre. Recuerda cómo se despertó "por casualidad" con los avisos de las fuerzas de seguridad. "Estaba en la cama porque trabajo de noche y sobre la una y media escuché algo y me levanté. Media hora después de salir, la casa se incendió. Mi dormitorio ha sido la parte más afectada". Coincide con sus vecinos en que, si no hubiera sido por un grupo que se negó a desalojar, toda la fila de chalés se habría reducido a cenizas. "Unos jóvenes cogieron las mangueras y sofocaron las llamas. Por eso sólo se han quemado cuatro casas".
Aurica Rof afirma con lágrimas en los ojos, mientras limpia la parte de su vivienda abrasada, que no sabe qué pasará. "Nos desalojaron sin decir nada y siguen sin informarnos. No tenemos otra casa".
Con más suerte se siente Tara Moore, una joven inglesa con discapacidad que vive con su madre. "Sólo se ha quemado la parte de abajo. Arriba está bien y hemos podido dormir. Estamos muy agradecidas a Antonio, un vecino que metió la manguera por la ventana y apagó las llamas. Es como un ángel".
Personas que no han sufrido daños materiales están igual de preocupadas. "Ahora al ver un poco de humo me pongo muy nerviosa", cuenta Marian Marcet. Ella, junto a sus padres y su marido, tuvo que salir con lo puesto. Marcet manifiesta que el incendio se provocó por falta de seguridad, ya que las torres de alta tensión deben estar rodeadas de unos metros deforestados y no se cumplen estas medidas.
Cristóbal Lorenzo, trabajador del Ayuntamiento de l'Alfàs del Pi, ayudó a apagar tres incendios, dos en La Nucia y otro en su pueblo. "Al ver las llamas en los chalés, unos vecinos y yo nos dedicamos a intentar minimizarlas con mangueras y, cuando estuvo controlado y nos íbamos a ir porque nos habían desalojado, vimos que las casas de al lado se estaban quemando. Hicimos lo que cualquiera hubiera hecho".










