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RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 1 agosto 2014

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Euros

separar los afectos del compromiso profesional resulta tan difícil que losexpertos recomiendan que los familiares trabajen en departamentos distintos
25.01.09 -

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Rosario Sepúlveda

Dado que, por desgracia, rara es la familia que no tiene alguno de sus miembros en paro, le resultará fácil ponerse en este supuesto: en su empresa se va a cubrir una vacante y usted tiene un pariente cercano -quizá un hermano o un sobrino- que encaja más o menos con el perfil solicitado. Además, usted sabe que su recomendación facilitaría el acceso de su familiar al puesto. El afán por querer ayudar al clan es tan natural que los hechos demuestran que buena parte de los trabajadores entró en contacto con el mundo laboral gracias a un familiar. Hasta un 28% de los 1.156 profesionales entrevistados por la empresa de trabajo temporal Alta Gestión confiesa que así consiguió su primer empleo.

Ahora bien, ¿resulta prudente compartir despacho el lunes con el cuñado que se sentó a nuestra mesa el domingo? Para Rodrigo Baraona, director de selección de personal de la consultora Tea Cegos, la respuesta es «no». «Nosotros sumamos 250 personas en el grupo y tenemos tajantemente prohibido que se incorporen fami liares, porque pueden surgir tensiones. En las grandes organizaciones, la influencia de los lazos afectivos suele ser mucho menor, está más diluida. Pero, de todas formas, yo no soy partidario de que exista este tipo de incorporaciones». Cuando se trata de se leccionar personal para otros, Baraona asegura que su evaluación es totalmente independiente del factor familia, aunque se trate del hijo del presidente. «Y éste fue un caso real; en una gran compañía española la hija del presidente no reunía las habilidades para ocupar un puesto y nuestro informe reflejó un categórico no».

Sin embargo, Inma Puig, psicóloga clínica y profesora de recursos humanos de la escuela de negocios ESADE, no cree que, por norma, haya que evitar trabajar con familiares. «Tiene una parte de inconvenientes, pero también muchas ventajas. Si la relación es buena, te sientes más acogido cuando llegas a un sitio. Para alguien no eres un extraño, porque ya te conoce», explica Puig, autora del libro 'Retratos de familia', (Empresa Activa).

Tanto Puig como Baraona convienen en que el desempeño del pariente en la empresa repercute en la imagen de su valedor. «Ser hermano de, en lo bueno favorece y en lo malo perjudica», admite la psicóloga, que reconoce, además, las dificultades de separar los afectos del compromiso profesional: «Es muy complicado bloquear y aislar la familiaridad. Hay que actuar con naturalidad, porque, si no, se produce una represión tan grande que uno ha de tener cuidado por todo, y eso produce un gran cansancio».

Pero compartir compañeros y también parientes tiene sus riesgos. Por ejemplo, quién dice que una sobremesa en casa de la abuela no puede saltar por los aires a cuenta de un problema laboral, o quién niega que un cotilleo familiar no interfiera en la marcha de un día de trabajo. Puig reconoce estos riesgos, pero también aconseja espontaneidad, porque advierte de que «intentar poner puertas al campo, normalmente, no tiene mucho éxito». Por su parte, Rodrigo Baraona cuenta que hay empresarios que discuten de trabajo en las comidas del domingo. «Y cuando el comité de dirección se reúne el lunes, las decisiones ya se han tomado la víspera. La relación familiar contamina la laboral».

Para conseguir, en la medida de lo posible, una relación sana e higiénica tanto fuera como dentro de la oficina, el director de se lección de Tea Cegos recomienda encarecidamente que primos o hermanos trabajen en áreas totalmente distintas: «que si uno está en finanzas el otro se vaya a producción. Ir a tomar café o comer juntos, si uno no influye sobre el otro, no tiene tanta importancia. Pero si uno es el jefe del otro, aunque no coma con él, tendrá en cuenta el parentesco a la hora de felicitarle, evaluarle...». Inma Puig, sin embargo, enfoca el problema desde otro punto de vista y señala a los demás, a los compañeros. «Ellos temen el favoritismo, que, a veces, sí que se da. Pero, en ocasiones, precisamente para evitar esa acusación, el jefe exige mucho más a su hermano-empleado», explica.
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